El deseo de Dios

Adaptado del libro “The Jesuit Guide to (Almost) Everything, por James Martin, S.J.

Continuamos los artículos Seis caminos a Dios , Espiritual pero no religioso y Tus deseos.

¿Que pasa si nos atrevemos a decir que todos tenemos un deseo innato por Dios? Los agnósticos puede ser que crean intelectualmente que es posible, pero que no lo han experimentado personalmente. Los ateos, seguramente lo rechacen de plano.

¿Se experimentan estos deseos santos en la vida diaria del no creyente, el dubitativo, y el curioso (y del todo el resto)? ¿A qué se parecen? ¿Cómo se sienten? ¿Como puedo saber si experimento deseos por Dios?

Vamos a presentar algunas de las maneras más comunes en que se revelan nuestros deseos santos. Mientras lees, puedes tomarte un momento y examinar cuales han obrado en tu propia vida.

Nos sentimos incompletos

Muchos de nosotros tenemos el sentimiento que, aunque tengamos cierto éxito y felicidad, hay algo que falta en nuestra vida. Todos sentimos esa inquietud, el molesto sentimiento de que debe haber algo mas en la vida que nuestra existencia diaria. Los sentimientos de estar incompletos pueden reflejar insatisfacción con nuestras vidas diarias y mostrarnos algo que necesita ser rectificado. Si estamos atrapados en un trabajo que nos hace miserables, una relación sin salida, una situación familiar enferma, puede que sea tiempo de pensar en cambios serios. La insatisfacción no tiene que ser soportada estoicamente, puede llevar a una decisión, cambios y una vida más satisfactoria. Y sin importar que tan felices sean nuestras vidas, una parte de esta inquietud nunca desaparece; de hecho, provee un vistazo a nuestro anhelo de Dios. “Nuestros corazones están inquietos hasta que descansan en ti,” escribió San Agustín hace 1500 años. Este anhelo es un signo del anhelo del corazón humano por Dios. Esta es una de las más profundas maneras que Dios tiene de llamarnos. En los ecos de nuestra inquietud escuchamos la voz de Dios.

A veces esos sentimientos son más fuertes que sentirse simplemente incompletos y se sienten como un horrible vacío. Un escritor llamó a este vacío dentro de nuestros corazones “el agujero con forma de Dios,” el espacio que solo Dios puede llenar.

Algunas personas tratan de llenar este agujero con dinero, estatus o poder. Piensan: Si solo tuviera más yo sería feliz. Un mejor trabajo. Una casa más bonita.

Y aún después de adquirir estas cosas, la gente puede sentirse incompleta, como si estuvieran persiguiendo algo que nunca pueden alcanzar. Corren adelante, esforzándose por alcanzar la meta de la satisfacción, y sin embargo siempre parece tentadoramente fuera de alcance. El precio de la integridad es elusivo. El vacío persiste.

Una de las mejores reflexiones acerca de este tema viene del escritor espiritual del Siglo XX Henri Nouwen. Nouwen, un sacerdote católico holandés y psicólogo, escribió un libro llamado “El camino abnegado de Cristo” en cual examinó esta busca implacable de llenar el agujero de nuestras vidas. Él observa que aquellos apurándose a llenar ese agujero tienen ya el sentimiento de que es una búsqueda inútil.

En algún lugar profundo de nuestros corazones ya sabemos que el éxito, fama, influencia, poder y dinero no nos dan la alegría interior y paz que queremos. En alguna parte incluso podemos sentir una cierta envidia de aquellos que han tirado todas las falsas ambiciones y han encontrado una profunda realización en su relación con Dios. Si, en parte podemos saborear un poco de esa alegría misteriosa en la sonrisa de aquellos que no tienen nada que perder.

En su impulso para llenar este agujero, algunos se ven impulsados hacia comportamientos adictivos, cualquier cosa que los llene: drogas, apuestas, actividad sexual, comer compulsivamente. Pero estas adicciones llevan solamente a un mayor sentimiento de desintegración, un vació más cavernoso y, eventualmente, a la soledad y la desesperanza.

Así intentamos callar esa sensación de vacío

Este agujero en nuestros corazones es el espacio desde el cual clamamos a Dios. Es el espacio donde más quiere encontrarnos Dios. Nuestro anhelo para llenar este espacio viene de Dios. Y es el espacio que solo Dios puede empezar a llenar.

Los anhelos y conexiones comunes

A veces experimentamos un deseo de Dios en situaciones muy comunes: parados en un bosque, durante una película, reconocer una extraña sensación de conexión durante un servicio de la iglesia …y sentimos un anhelo inexplicable de saborear este sentimiento y entender lo que es.

Los anhelos comunes y conexiones del corazón son maneras de estar conscientes del deseo de Dios. Anhelamos un entendimiento de los sentimientos que parecen venir de fuera de nosotros. Hemos experimentado lo que San Juan de la Cruz llama el deseo por “No se que”.  Sentimos que estamos frente a algo importante, al borde de experimentar algo que esta un poco más allá de nosotros. Experimentamos asombro. Entonces, ¿por que no escuchamos más acerca de estos tiempos? Porque muchas veces los ignoramos, rechazamos o negamos. Los atribuimos a estar abrumados, nerviosos, demasiado emocionales. “Oh, ¡yo solo estoy pensando tonterías!” te puedes decir a ti mismo. O no te atreves a hablar acerca de estos momentos como experiencias espirituales. Así que ignoramos estos anhelos que sentimos quizás disfrutando de la naturaleza, porque nos decimos (o alguien más nos dice) que solo estábamos siendo emocionales.

simplemente jugar con un bebe

Esto le sucede incluso a aquellos que tienen experiencia en la vida espiritual: muchas veces, después de una intensa experiencia durante la oración en un retiro, la gente se siente tentada a descartarlos porque tal vez solo nos sugestionamos“. Simplemente no reconocemos la posibilidad de que esos momentos tengan sus orígenes en Dios.

“No creo en Dios, pero lo extraño”. Escrito por Julian Barnes, al iniciar sus memorias “Nada que temer”. Barnes es el autor de muchos libros aclamados, incluyendo “El Perico de Flaubert”. Él toma como tema su abrumador miedo a la muerte. Barnes escribe, “Extraño al Dios que inspiró las pinturas italianas y los vitrales franceses, la música alemana y las salas capitulares inglesas, y esos montones de piedras en ruinas en las tierras celtas que alguna vez fueron señales simbólicas en la oscuridad y la tormenta”. Barnes extraña a Dios. ¿Quien puede decir que este “extrañar” no viene del mismo deseo de Dios, que viene de Dios?

Una amiga, que se describe como una adicta al trabajo, y que no ha ido a la Iglesia en años, fue una vez al bautismo del hijo de un amigo. Repentinamente fue sorprendida por sentimientos muy poderosos…sobre todo el deseo de una existencia más pacífica y centrada. Empezó a llorar, a pesar de que no sabía por que. Me dijo que sintió un intenso sentimiento de paz mientras estaba parada en la iglesia y veía al sacerdote echar agua en la cabeza al bebe.

Para mi, era muy claro lo que estaba sucediendo: ella experimentaba en ese momento, cuando sus defensas estaban abajo, los deseos de Dios por ella.

Y es lógico que una experiencia religiosa ocurra en el contexto de una ceremonia religiosa. Pero ella se rió y lo descartó. “Supongo que solamente estaba siendo sentimental“. dijo ella. Y allí lo dejó.

Es una reacción natural: mucho de nuestra cultura moderna trata de aplastar o incluso negar estas experiencias naturalmente espirituales y justificarlas en términos puramente racionales. Se la atribuye a cualquier otra cosa que no sea Dios.

De la misma manera, puede ser que ignoremos estos eventos por ser demasiado comunes, muy simples para venir de Dios. La Biblia cuenta la historia del Viejo Testamento, 2 Reyes 5: 1-19, acerca de Naaman el Sirio. Naaman, comandante del ejercito del rey sirio, sufría de lepra y es enviado por el rey a pedirle al profeta Elíseo que lo sanara. La respuesta de Elíseo es decirle que haga algo muy simple: bañarse en el Río Jordán siete veces.

Naaman se pone furioso. El creyó que le pedirían bañarse en otro río, alguno más importante. Sus sirvientes le dicen, “Si el profeta te hubiera ordenado hacer algo difícil, ¿lo hubieras hecho? O en otras palabras, ¿porqué buscas una tarea espectacular? Haz la cosa más simple. Naaman lo hace y es sanado.

Nuestra búsqueda de Dios muchas veces es igual a la de Naaman. Buscamos algo espectacular para convencernos de la presencia de Dios. Y sin embargo es en las cosas simples, eventos comunes y anhelos comunes donde Dios puede ser encontrado.

Puede que tengas temor de aceptar esos momentos como signos de una llamada divina. Si los aceptas como viniendo de Dios, puede ser que tengas que aceptar que Dios quiere tener una relación contigo o que se está comunicando directamente contigo, lo cual es una idea que da miedo.

El miedo es una experiencia común en la vida espiritual. Tener que enfrentar una indicación de que Dios está cerca de ti puede ser alarmante. Pensar acerca de si Dios quiere comunicarse con nosotros es algo que muchos de nosotros preferimos evitar.

Esa es la razón por la que tantas historias en la Biblia acerca de hombres y mujeres frente a lo divino empiezan con las palabras “No tengan miedo“. El ángel anunciando el nacimiento de Jesús a María le dice, “No tengas miedo“. (Lucas 1:30). Nueve meses después, la víspera del nacimiento de Jesús, el ángel saluda a los pastores en el campo con un “No tengan miedo” (Lucas 2:10). Y cuando Jesús realiza uno de sus primeros milagros frente a San Pedro, el pescador cae de rodillas asombrado y atemorizado. “¡Aléjate de mí!” dice Pedro. Y Jesús le dice, de nuevo, “No tengas miedo” (Lucas 5:10).

El miedo es una reacción natural a lo divino, al mysterium tremendum et fascinans, como del dice el teólogo Rudolf Otto, el misterio que nos fascina y nos deja temblando.

Las experiencias religiosas son muchas veces desechadas, no porque dudemos que sean reales, sino por miedo de que de verdad sean reales.

Los anhelos extraordinarios

Estos están también en la categoría amplia del anhelo y son experiencia más intensas.

Algunas veces sentimos casi un sentido místico de anhelo de Dios, o de tener una conexión con Dios, que puede ser iniciada por circunstancias inesperadas.

El misticismo muchas veces se rechaza como una experiencia privilegiada de los súper santos. Pero el misticismo no esta confinado a las vidas de los santos. Ni las experiencias místicas deben replicar exactamente lo que los santos describen en sus escritos.

En su libro, “Lineamientos para la Oración Mística”, Ruth Barrows, monja carmelita, dice con franqueza que el misticismo no es simplemente para los santos. “¿Que es la vida mística sino Dios viniendo a hacer lo que no podemos; Dios tocando lo profundo de nuestro ser donde el hombre esta reducido a su elemento básico?” Karl Rahner, el teólogo jesuita alemán, habló de “misticismo de cada día”.

¿Que significa tener una experiencia mística?

Una experiencia mística es aquella donde te sientes lleno de la presencia de Dios de una manera intensa e inequívoca. O te sientes elevado más allá de la manera normal de ver las cosas. O te sobrecoge un sentido de Dios en una manera que trasciende tu propio entendimiento.

No hace falta decir que estas experiencias son difíciles de describir con palabras. Es como tratar de describir la primera vez que te enamoraste, o sostuviste a tu hijo recién nacido en tus brazos, o viste al océano por primera vez.

Durante el tiempo que pasó meditando en Manresa, Ignacio describió haber experimentado a la Trinidad (el Padre, Hijo y Espíritu Santo de la fe cristiana) como tres claves musicales, distintas pero unidas.

A veces la gente describe haberse encontrado a punto de llorar, sin poder contener el amor o la gratitud que sentían. Un joven describió la experiencia de sentirse casi como si fuera un vaso de cristal con el amor de Dios a punto de derramarse. Era una experiencia de estar “lleno”.

Mientras que esto puede no ser una experiencia diaria, las experiencias místicas no son tan extrañas como algunos pueden creer. Ruth Burrows escribe que estas no son “las maneras privilegiadas de los pocos”. Dichos momentos surgen con sorprendente frecuencia no solo en las vidas de los creyentes normales si no que también en la literatura moderna. En su libro “Sorprendido por la Alegría”, el escritor británico C.S. Lewis describe la experiencia que tuvo cuando era un niño.

Mientras estaba parado junto a un arbusto de grosella en flor en un día de verano repentinamente surgió en mí sin previo aviso, como si de una profundidad no de años si no de siglos, la memoria de aquella mañana temprano en la Casa Vieja cuando mi hermano llevó su jardín de juguete al vivero. Es difícil encontrar palabras lo suficientemente fuertes para la sensación que me inundó; la “enorme felicidad” del Edén de Milton (dando la completa y antigua definición de “enorme”) llega se acerca. Era una sensación de deseo, por supuesto, ¿pero deseo de qué? . . . Antes sabía lo que deseaba, el deseo mismo había desaparecido, el vistazo completo se retiró, el mundo se convirtió de nuevo en un lugar común, o solo movido por un anhelo del anhelo que simplemente había cesado”.

Esta es una buena descripción del deseo de más. Yo no se como es un arbusto de grosellas pero si se como se siente ese deseo. Puede ser difícil identificar exactamente que quieres, pero en tu corazón, tienes un anhelo para satisfacer todos tus deseos, que es Dios.

Pero busque el famoso arbusto de grosellas.

Pero busque el famoso arbusto de grosellas.

Esto se alinea de cerca con el sentimiento de asombro, el cual el Rabbi Abraham Joshua Heschel identifica como un camino clave para conocer a Dios. “El asombro . . es más que una emoción; es una manera de entender. El asombro es, en sí mismo, un acto de intuir en un significado mayor que nosotros. . . . El asombro nos permite percibir intimidades de lo divino en el mundo, sentir en las pequeñas cosas el inicio del significado infinito, sentir lo esencial en lo común y lo simple”.

En tales anhelos poco comunes, ocultos a plena vista en nuestras vidas, Dios nos llama.

Exaltación

Hay veces en que nos sentimos elevados, o tenemos un sentimiento de exaltación o felicidad. Nos sentimos muy cercanos al objeto de nuestro deseo.

Aquí sentimos la satisfacción cálida de estar cerca de Dios. Si estás en medio de una oración, o un servicio religioso, escuchando música y de pronto te sientes sobrecogido por sentimientos de belleza o claridad, es que estas elevado y deseas más.

La belleza

Para aquellos que tienen un sentido estético más desarrollado, es más fácil llegar a conocer a Dios por este medio. Observar, realmente observar, la belleza eleva nuestro espíritu y muchas veces nos hace más receptivos a tener una epifanía. No importa si encontramos la belleza en la astronomía, un paisaje, una pintura, una fotografía o una canción, este sentimiento que nos acerca a Dios no debe ser ignorado.

San Francisco de Asís repite dos veces después de haber recibido en el monte Verna los estigmas de Cristo: “¡Tú eres belleza… Tú eres belleza! “. San Buenaventura comenta: “Contemplaba en las cosas bellas al Bellísimo y, siguiendo las huellas impresas en las criaturas, seguía a todas partes al Amado”.

Claridad

A veces, en ocasiones especiales, sentimos que estamos muy cerca de entender exactamente como funciona el mundo. Hemos de tomar una decisión, y de repente, las dudas desaparecen y lo tenemos todo muy claro. Estos sentimientos de claridad se pueden parecer mucho a los de exaltación. De hecho, muchos de estos sentimientos se traslapan. En algunos casos puede que sintamos lo que Ignacio llama “consolación sin causa previa”, un sentimiento de que Dios se está comunicando directamente con nosotros y animándonos. “Cuando la consolación no tiene causa previa no hay engaño en ella, ya que viene solamente de Dios nuestro Señor”.

y te das cuenta de la grandeza de Dios

Deseos de seguirlo

Los deseos de seguir a Dios son mucho más explícitos. No es un deseo de “no se que”, sino un deseo de “se exactamente que”. Y puedes identificarlo como el deseo de Dios.

Durante la oración es bueno meditar en los dones que Dios nos ha dado, y luego, como sugiere Ignacio, en nuestros pecados. Esto no es simplemente algo formulista para causarnos sentimientos de culpa. Después de pasar un tiempo pensando en las bendiciones en sus vidas, la gente se siente indigna de lo que han recibido. Y no porque sean malas personas. Más bien se preguntan, ¿Qué hice para merecer esto?

Dios perdona a cualquiera

En este punto tus fallas son muy evidentes. En la brillante luz del amor de Dios, tus sombras empiezan a emerger. Aquí nos damos cuenta que somos “pecadores amados”, imperfectos pero amados por Dios. Típicamente esto produce un sentimiento de gratitud, que nos lleva al deseo de responder. Te puedes sentir tan sobrecogido por el amor de Dios que incluso siendo imperfecto le dices: “¡Gracias! ¿Que puedo darte a cambio?”

Para los cristianos esto toma la forma de un deseo de seguir a Cristo. Es un deseo más definido. Esta es otra manera en la que Dios nos llama.

Deseo de Santidad

Sentir una atracción por ejemplos de santidad es otra señal del deseo de Dios. Esto se dispara de dos maneras al menos: primero, aprender acerca de personas santas del pasado, y segundo, conocer a personas santas actualmente.

En el primer caso, un famoso ejemplo de esta experiencia es el mismo Ignacio. Mientras convalecía, se puso a leer acerca de las vidas de santos. Pensó, de hecho, “Yo podría hacer eso”. Su vanidad lo atrajo a las grandes obras de los santos, pero una parte más auténtica de sí mismo se sintió atraída por su santidad. Esta es una manera que tiene Dios de llamar a la santidad, a través de una fuerte atracción a hombres y mujeres santos y un deseo real de emular sus vidas.

Pero la santidad no se encuentra solo en los santos canonizados sino también en los santos que caminan entre nosotros…incluyendo al padre santo que cuida a sus hijos pequeños, la hija santa que atiende a sus padres ancianos y la madre santa que trabaja muy duro por su familia. La santidad no significa perfección, los santos siempre han tenido fallas, son limitados, humanos. La santidad hace de la humanidad su hogar. Así que podemos sentirnos atraídos por modelos de santidad pasados y presentes. Nos sentimos impulsados a ser como ellos. La santidad en otras personas es naturalmente atractiva, ya que es una de las maneras como Dios nos atrae a Él.

Experimentar el atractivo de la santidad hoy nos permite entender porqué Jesús de Nazaret atraía a multitudes de personas a todos los lugares a los que iba. La santidad de los otros llama a las partes santas de nosotros mismos.

Vulnerabilidad

Existe mucha gente que se siente llamada a Dios durante tiempos de sufrimiento. Ya sea una enfermedad, una crisis familiar, la pérdida de un trabajo, o la muerte de un ser querido, mucha gente se vuelve a Dios de nuevas maneras.

Los más escépticos lo atribuyen a la desesperación. La persona no tiene a quien más recurrir, así que recurre a Dios. Así Dios se ve como una “muleta” para tontos, un refugio para los supersticiosos.

Pero en general no nos volvemos a Dios en el sufrimiento porque de pronto nos volvamos irracionales. Más bien, Dios nos puede alcanzar porque hemos bajado nuestras defensas. Las barreras que erigimos para mantener a Dios fuera (ya sea por orgullo, miedo o desinterés) son puestas de lado, intencionalmente o no. No somos menos racionales. Solo estamos más abiertos.

El deseo siempre está allí, pero con las defensas bajas, es más fácil verlo. Estar frente a la muerte pone las cosas en perspectiva, y mucha gente se da cuenta de que los cimientos en los que basó su vida no soportarán la prueba del sufrimiento y la muerte.

Esto, y no la desesperación, es el porqué hay tantas experiencia espirituales profundas cerca de la muerte. La persona se encuentra en mejor disposición de permitir a Dios acercarse. La agonía nos hace más humanos. Nos volvemos más humanos porque amamos más. Acercarnos a Dios nos transforma, porque mientras más cerca nos encontramos con quien amamos, más nos parecemos a quien amamos. Paradójicamente, mientras más humanos nos volvemos, más divinos somos.

Esto no significa que Dios desee nuestro sufrimiento. Más bien, cuando nuestras defensas caen, nuestra conexión final es revelada. Por lo tanto, la vulnerabilidad es otra manera en la cual podemos experimentar el deseo de Dios.

Estas experiencias, que muchos de nosotros hemos tenido, son maneras de darnos cuenta de nuestro innato deseo de Dios.

Cualquiera, en cualquier momento, de cualquiera de estas maneras, puede tomar conciencia de su deseo de Dios. Es más, encontrar a Dios o ser encontrado por Dios es lo mismo, ya que esas expresiones del deseo tienen a Dios como origen y meta a la vez.

Por lo tanto, el inicio del camino hacia Dios es confiar no solo que estos deseos provienen de Dios, sino que Dios nos busca de la misma manera que nosotros lo buscamos.

Existe otra maravillosa imagen de Dios: El que busca. Jesús usa frecuente mente esta imagen (Lucas 15, 3-10). Él compara a Dios con un pastor que pierde una oveja de un rebaño de cien, pero deja a 99 para ir a buscar a la perdida. O la mujer que pierde una moneda y barre toda la casa para encontrarla. Este es el Dios que busca.

Dios quiere estar contigo. Dios desea estar contigo. Es más, Dios desea una relación contigo.

Dios te encuentra donde estés

Una de las concepciones equivocadas que frecuentemente tenemos es que tenemos que cambiar antes de acercarnos a Dios. Los novatos en la vida espiritual frecuentemente nos sentimos indignos de acercarnos a Dios. Nos sentimos tontos tratando de rezar.

Se lo pregunté a un director espiritual… ¿Que tengo que hacer antes de poder relacionarme con Dios?”

“Nada. Dios te encuentra en donde estés”.

No te preocupes, esto ocurre raras veces.

Este es un consejo liberador. A pesar de que Dios siempre nos llama a una conversión y crecimiento constantes, y a pesar de que somos imperfectos e incluso pecadores, Dios nos ama así como somos ahora mismo. Anthony de Mello decía: “No debes cambiar para que Dios te ame”. Esta es una gran revelación: eres amado a pesar de tus imperfecciones. Dios ya te ama.

Los cristianos podemos ver esto claramente en el Nuevo Testamento. Jesús frecuentemente llama a la gente a la conversión, les dice que dejen de pecar, que cambien su vida, pero no espera hasta que hayan cambiado para salir a su encuentro. Se encuentra con ellos donde sea y como sea que estén.

Pero hay otra manera de entender esto. No solo Dios desea tener una relación hoy contigo, sino que la manera en que Dios se relaciona contigo depende de donde estés en tu vida.

Así que si encuentras la felicidad primariamente a través de relaciones, tal vez sea la manera que Dios quiere usar para encontrarte. Busca a Dios en tus amistades. Si eres un padre, Dios puede encontrarte a través de tu hijo o hija (o nieto o nieta). ¿Encuentras gozo en la naturaleza? Busca a Dios en el mar, el cielo, los bosques, el campo. ¿Te enfrentas al mundo activamente? Busca a Dios en tu trabajo. ¿Disfrutas del arte? Visita un museo, un concierto, una película y busca a Dios allí. Dios nos puede encontrar en cualquier lugar.

Busca la gracia en las cosas pequeñas, y podrás encontrar la gracia de alcanzar, de creer y de tener esperanza por las cosas más grandes”.

Beato Peter Favre, S.J., uno de los primeros jesuitas.

Dios también te encuentra de maneras de maneras en que lo puedas entender, de maneras que signifiquen algo para ti. A veces Dios te encuentra de las maneras que hemos descrito, y a veces de una manera tan personal, tan hecha a la medida de las circunstancias únicas de tu vida, que es casi imposible explicarlo a otros.

Dios nos habla de maneras que podemos entender. Dios se comunicaba con Ignacio durante su recuperación, mientras estaba vulnerable y abierto a escuchar. Dios puede encontrarte en cualquier momento, sin importar que parezca que todo es una locura. No necesitas tener una vida diaria perfectamente organizada para experimentar a Dios. Tu casa espiritual no tiene que estar limpia para que Dios entre.

En los Evangelios, Jesús frecuentemente buscaba a la gente en medio de sus ocupadas vidas, Pedro arreglando sus redes en la playa, Mateo sentado recolectando impuestos. Así también encuentra gente que se encuentra en su peor momento: una mujer adúltera que está a punto de ser lapidada, una mujer que lleva muchos años de estar enferma, un hombre poseído que ni siquiera esta cuerdo. En cada una de estas situaciones, Dios le dice a esta gente ocupada, estresada, preocupada, atemorizada, “Estoy listo para encontrarte, si tu estas listo para encontrarte conmigo”.

Si Dios te encuentra donde estés, significa que estás en un lugar donde puedes encontrar a Dios. No debes esperar a que tu vida se estabilice, o que tus hijos se muden de casa, o que encuentres el apartamento perfecto, o te recuperes de esa enfermedad. No tienes que esperar hasta estar en Gracia, hasta haber vencido tus patrones de pecado, hasta que seas más “religioso” o que puedas rezar “mejor”.

No tienes que hacer nada de eso.

Porque Dios está listo ahora mismo.

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Acerca de catolicochapin

Soy un hombre, católico, casado y chapín. Una de mis pasiones es la fotografía, y me gusta escribir, leer y hacer chistes. He tratado de ser de esos admirables católicos llenos de caridad en sus debates. Es inútil...soy demasiado sarcástico.
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