Como responder a la tragedia

Por Joe Heschmeyer

I. ANATOMÍA DE LA TRAGEDIA

El hombre conoce dos cosas: como son las cosas (el Mundo) y como deberían de ser (el Ideal). No digo que conozca estas cosas perfectamente, o incluso que cada hombre este de acuerdo con otros hombres acerca de lo que es o lo que debería ser. Pero todos tenemos un sentido acerca de estas cosas y la tragedia (toda tragedia), puede encontrarse en el abismo entre los dos. Juntas, estas dos observaciones forman una sola revelación: las cosas no son como deberían de ser. Mientras mayor sea la distancia entre estas dos cosas, mayor es la tragedia.

Es necesario conocer ambas cosas (el Mundo y el Ideal) para experimentar la tragedia. No podría haber experiencia de la tragedia si todas las cosas fueran como deben de ser, o si no tuviéramos un sentido de que las cosas deben ser diferentes a lo que son. Ni la bestia en el campo ni el ángel en el Paraíso sienten la angustia de la tragedia. Pero el hombre, en este “valle de lágrimas”, si lo siente, porque puede ver que las cosas no son como deberían de ser. Él es como la bestia, pero sin la ignorancia trágica; como el ángel, pero sin el Paraíso.

Esto no es solamente una verdad acerca del mundo externo. También es una valoración moral del hombre, y una condenatoria. Tu sabes como has actuado y también sabes cómo deberías de haber actuado. Es aquí donde nos encontramos con algunas de las más grandes tragedias de la vida. Peor aún es el doble reconocimiento de que 1) aún ahora vives de la manera que sabes que deberías vivir, y 2) no eres capaz de ser el hombre que deberías ser.

II. CUATRO POSIBLES REMEDIOS

Si todo el drama de la tragedia humana es esta guerra entre como son las cosas y como deberían de ser, entre el Mundo y el Ideal, ¿Cómo podemos liberarnos? Si nos dejan solos, tenemos solamente cuatro opciones: dar vuelta al Mundo, abandonar el Ideal, ambas, o ninguna.

Dar vuelta al Mundo: es nuestra opción más prometedora. Esta reconoce que el problema no lo tienen nuestros ideales o nuestros anhelos del paraíso sino que está dentro de las injusticias y fallos de la vida diaria. Si tan solo lográsemos actualizar el Ideal, podríamos marcar el comienzo de la Utopía. Pero el Siglo Veinte está lleno de ejemplos que muestran que mal les va a estas cruzadas utópicas en la práctica. En lugar de producir un Jardín del Edén, estos intentos tuvieron como resultado una horrible Necrópolis.

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De hecho, incluso eso es ver las cosas muy ligeramente. Una Necrópolis es una “ciudad de los muertos”, mientras que el Zbigniew Brzezinski (antiguo asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos), coloca el número de “vidas deliberadamente extinguidas por carnicería motivada políticamente” durante el siglo anterior en “no menos de 167 millones” y “probablemente más de 175 millones”. Eso no es una ciudad. Es la población combinada del Reino Unido, Francia y España. Así que no solo nuestros intentos de alcanzar el Ideal han fallado. Sucede que, la mayoría de las veces, estos intentos han incrementado la tragedia.

Abandonar el Ideal. Debido que esta búsqueda de la Utopía ha demostrado repetidamente ser desastrosa, actualmente estamos intentando lo opuesto: una especie de resignación. Si no podemos darle vuelta al Mundo, quizás sea tiempo de rechazar nuestro Ideal. Y así hemos intentado cada método imaginable. Nos hemos declarado “suficientemente buenos”, “básicamente buenas personas”, tratando de ignorar el abismo entre nuestras acciones y nuestros ideales. Nos hemos proclamado ignorantes (agnósticos), tratando de perder el Ideal en medio del relativismo moral, justificando nuestras malas acciones como simples diferencias de preferencia, en lugar de verdaderos y trágicos fracasos. Apoyamos un hedonismo que actúa como si el Mundo fuera el Ideal. Queremos creer que le Mundo no debe ser mejor de lo que es, que nosotros no deberíamos ser mejores de lo que somos, y aún así fracasamos para convencer a nadie, incluso a nosotros mismos.

Cuando todo esto fracasa, simplemente nos distraemos con el placer. Si no podemos ser ángeles, tratamos de convertirnos en bestias. Algunos de estos placeres son bastante obvios: los llamados “placeres de la carne”, como sexo, drogas y pornografía.

Pero cada vez más, nos perdemos en diversiones sin sentido, tanto en el Internet como en la “vida real” (un término que, para muchos de nosotros, es irónico, ya que pasamos más tiempo en línea que fuera de ella). Estas diversiones (televisión, redes sociales, juegos, y el resto) no son necesariamente malas en sí mismas. Pero cuando pasamos nuestros días persiguiendo nuestra cola en lugar de nuestros ideales, vale la pena preguntarse de que nos están distrayendo estas diversiones. No queremos hacernos esta pregunta, pero tampoco podemos ignorarla por completo. Incluso en el mundo de escapismo y distracción, nos encontramos obsesionados por el Ideal, y no podemos aferrarnos en paz a una existencia sin sentido. Nunca lograremos rebajarnos del todo al nivel de bestias, y nuestras diversiones sin sentido no pueden ahogar completamente nuestras mentes. Podemos enterrar el Ideal, pero no matarlo.

Y de esta manera la tragedia llega incluso a nuestra vida de diversiones. En ningún lugar es esto más claro que en el hombre que ha perseguido estos placeres mundanos con temerario abandono. Una vez se da cuenta que los placeres son efímeros, él eventual, pero necesariamente se desliza sin poder evitar hacia el tedio o a la furia.

Un poco de ambas. La tercera opción, entonces, es intentar una especie de acto de equilibrio en el cual rechazamos la ideología y a los ideólogos, pero nos decimos a nosotros mismo que aún tenemos ideales. Tenemos principios vagamente definidos y “creencias” que nos den un sentimiento de significado, pero que podemos abandonar o ignorar cuando sea conveniente. En lugar de escapar a la tragedia, esta opción tiene el riesgo de aumentarla, ya que la reconoce sin al mismo tiempo hacer nada serio para resolverla.

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“Mi nicho de mercado”

Absurdidad y desesperación. Una vez hemos visto la futilidad de nuestros esfuerzos en alcanzar el Ideal, y la imposibilidad de evitarlo, nos queda al menos una última opción: rendirnos a la tragedia. A veces esto toma la forma de abrazar la desesperanza, que es el enfoque que recomienda el absurdismo. Sartre escribe en su comentario a El extraño (Camús) que “el hombre absurdo no se suicidará; él quiere vivir, sin renunciar a sus certezas, sin un futuro, sin esperanza sin ilusiones”.

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Pero el suicidio continúa siendo una posibilidad siempre presente, un intento final y desesperando de huir de la tragedia. Algunos de los ateos más lúcidos han visto esto. Camús inicia el Mito del Sísifo declarando: “Solo existe un problema filosófico realmente serio, y es el del suicidio”. Pero incluso aquellos que no creen en el infierno pueden reconocer esto por lo que es: no un escape de la tragedia o un triunfo sobre ella, sino es rendirse a ella.

III. EL TRÁGICO PREAMBULO AL EVANGELIO

Hasta el momento, esto puede que no suene como las Buenas Nuevas del Evangelio. Pero de una manera real, esto es el prólogo al Evangelio. Lo que acabamos de describir es la historia secular de la Caída. Génesis 3:24 nos dice que después de la Caída, Dios “Echó al hombre, y a oriente del jardín del Edén colocó a querubines y una espada de fuego zigzagueante para cerrar el camino del árbol de la vida”. No necesitas que la Biblia te lo diga, porque ya lo sabes. Tu has visto y sentido dentro de ti un sentido del Ideal, una especie de nostalgia por Edén y por el Cielo. Pero también has visto dentro del mundo, y dentro de ti mismo, que algo seriamente ha ido mal.

Ves dentro de ti la necesidad de salvación, y si has puesto atención, también ves que eres incapaz de salvarte a ti mismo. Ninguno de nosotros puede, sin importar que tanto intentemos. Es precisamente aquí que encontramos a Jesucristo y al Evangelio. La Revelación nos muestra porqué anhelamos el Ideal: estamos hechos para Él. Y nos muestra las razones por que no podemos alcanzarlo: somos criaturas pecadoras, caídas. Necesitamos la gracia. Por medio de la Cruz, el Evangelio le da un sentido a la tragedia. Y lo mejor de todo, es que Cristo nos ofrece una salida a la tragedia, la única salida. No podemos hacernos a nosotros mismos ángeles, y no tenemos que ser bestias.

En lugar de eso, podemos ser Santos.

Martín Martínez Pascual, mártir

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Acerca de catolicochapin

Soy un hombre, católico, casado y chapín. Una de mis pasiones es la fotografía, y me gusta escribir, leer y hacer chistes. He tratado de ser de esos admirables católicos llenos de caridad en sus debates. Es inútil...soy demasiado sarcástico.
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