Tus deseos…

Adaptado del libro “The Jesuit Guide to (Almost) Everything, por James Martin, S.J.

Continuamos los artículos Seis caminos a Dios y Espiritual pero no religioso

El deseo y la vida espiritual

Dos de los Evangelios incluyen la aparentemente simple historia del encuentro de Jesús con un pordiosero ciego en un camino. En el Evangelio de Marcos se le da un nombre: Bartimeo, que en hebreo significa “Hijo de Timeo” (ver Marcos 10:46-52).

Bartimeo esta sentado a la orilla del camino, mendigando, cuando Jesús y sus discípulos pasan por allí. Los Evangelios dicen que “una gran multitud” iba siguiendo a Jesús, así que seguramente había una gran conmoción. Fácilmente es posible imaginarse al ciego preguntarse que estaba pasando.

Cuando Bartimeo escucha quien es el que pasa, se pone a gritar: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!” Aquí hay una ironía: según cuenta Marco, la mayoría de los que estaban en la multitud no sabían quien era Jesús. La verdadera identidad de Mesías de Jesús se mantenía oculta de la mayoría de la gente. (Los teólogos llaman a esto el “secreto mesiánico”). El ciego, sin embargo, puede ver.

La multitud pide a Bartimeo que se calle. Pero el es insistente y vuelve a gritar. El ciego, que probablemente ha sido ignorado casi toda su vida, quiere que Jesús lo vea. El hombre que no se ve quiere ser visto.

Finalmente, Jesús lo oye y lo invita a acercarse. En un detalle de la narración que suena verídico, los amigos del ciego, que antes lo mandaban a callar, ahora dicen: “Levántate, te esta llamando”. Con un gesto de liberación, tira su manto y se acerca a Jesús.

Jesús le dice a Bartimeo: “¿Qué quieres que haga por ti?

Maestro,” responde, “que pueda ver”.

Tu fe te ha salvado” dice Jesús en el Evangelio de Lucas. “Tu fe te ha salvado”. Bartimeo es sanado y sigue a Jesús por el camino.

Pensándolo bien, esto puede ser bastante confuso. ¿Porqué le preguntó Jesús a Bartimeo lo que quería? Jesús podía ver que estaba ciego. Y Jesús ya había realizado varias sanaciones, así que sabe no solo que los enfermos querían ser sanados, sino que podía sanarlos.

¿Entonces porqué hace esa pregunta? Hay una respuesta: Jesús le pregunta a Bartimeo que quiere, no tanto porque necesite saberlo, sino para que el ciego sepa exactamente que es lo que quiere. Jesús estaba ayudando al hombre a identificar claramente cual es su deseo.

El deseo tiene mala reputación en los círculos religiosos. Cuando la mayoría de las personas escucha el término, piensan en dos cosas: deseo sexual y el deseo por cosas materiales, que son condenadas por muchos líderes religiosos. Y sin embargo, el primero es uno de los grandes regalos de Dios a la humanidad, sin el cual la raza humana dejaría de existir y el segundo es parte de nuestro deseo natural de una vida sana, comida, refugio y ropa.

¿Así que tienes deseos?

El deseo puede ser difícil de aceptar para ciertas personas en sus vidas espirituales, especialmente a quienes asocian “deseo” con “egoísmo”.

Pero… ¿Porqué es importante el deseo? Es porque el deseo es una de las maneras claves que tiene Dios para hablarnos.

Los deseos santos son distintos a los superficiales, como “Yo quiero un Nintendo” o “quiero una pulsera de diamantes”. Estamos hablando de nuestros deseos más profundo, aquellos que forjan nuestras vidas: deseos que nos ayudan a saber a quienes debemos dar acogida y que cosas debemos hacer. Nuestros deseos profundos nos ayudan a conocer que desea Dios para nosotros y que tanto desea Dios estar junto a nosotros. Y Dios quiere que nosotros nos reconozcamos y le demos un nombre a nuestros deseos de la misma manera que Jesús animó a Bartimeo a articular su deseo. Reconocer nuestros deseos significa reconocer los deseos que Dios tienen para nosotros.

La Energía de la Vida misma

Tendemos a pensar que si deseamos algo, es algo que probablemente no deberíamos desear o tener. Pero pensemos en esto: Sin deseo nunca nos levantaríamos en la mañana. Nunca saldríamos más allá de nuestra puerta delantera. Nunca leeríamos un libro o aprenderíamos algo nuevo. No tener deseos significa que no hay vida, no hay crecimiento, no hay cambios. El deseo es lo que hace que dos personas creen una tercera persona. El deseo es lo que hace a las plantas romper el duro suelo invernal. El deseo es energía, la energía de la creatividad. No seamos muy duros con los deseos.

Margareth Silf, Decisiones sabias

¿Que hacemos con nuestros deseos?

Ignacio nos pide que oremos por nuestros deseos. Al principio de cada plegaria, Ignacio pide que le pidas a Dios “por lo que yo quiero y deseo“. Por ejemplo, si estas meditando acerca de la vida de Jesús, pides por un conocimiento más profundo de Jesús. La práctica te recuerda acerca de la importancia de pedir cosas para la vida espiritual y de darte cuenta que cualquier cosa que recibas es un regalo de Dios.

El deseo debe jugar un papel importante en la vida espiritual de un católico. Si tienes sueños de trabajar en misiones en el extranjero, o estudiar la Escritura, o trabajar como director de retiros, deberías prestar mucha atención a tus deseos.

Es cierto que muchos deseos fuertes a veces son mutuamente excluyentes, pero hay que tomarlos en cuenta al tomar decisiones acerca de cómo conducir tu vida. Todos estos deseos deben de tomarse en cuenta para hacer lo que los jesuitas llaman “el discernimiento”.

A veces nos encontramos con deseos que son mutuamente excluyentes, y, para tomar una decisión, debemos tomar muy en cuenta estos deseos.

¿Y si no deseo lo que debo desear?

Supongamos que vives en una cómoda situación y apenas tienes contacto con los pobres. Como católicos, podemos decir, “Yo se que se supone que debo querer vivir simplemente y trabajar con los pobres, pero no tengo deseo de hacer eso”. O quizás sepas que deberías querer ser más indulgente con alguien de la comunidad, pero no sientes el deseo de serlo. ¿Cómo puedes orar por eso con honestidad?

Ignacio pregunta: “¿Tienes el deseo por este deseo? Incluso si no lo quieres, ¿quieres quererlo? ¿Quieres ser el tipo de persona que quiere esto?”

¿Algo? ¿Siquiera el deseo de desear desear desear lo bueno?

Incluso los más leves rastros de deseo pueden ser visto como una invitación de Dios.

¿Y que pasa si no puedo identificar mis deseos profundos?

Margareth Silf sugiere dos maneras para reconocer tus deseos ocultos.

Puede ser de “Afuera para adentro”, o de “Adentro para afuera”.

  • De Afuera para adentro: El enfoque de Afuera-para-adentro considera aquellos deseos que ya están presentes, que pueden señalar a otros más profundos. Deseos como “Quiero un nuevo trabajo” o “Quiero mudarme” pueden significar un anhelo para una mayor libertad en general.
  • El enfoque de Adentro-para-afuera utiliza historias arquetípicas como señales para tus deseos. ¿Que cuentos de hadas, mitos, historias, películas o novelas te atraían cuando eras joven? Lo mismo se puede preguntar acerca de las historias de las Sagradas Escrituras. ¿Te atrae la historia de Moisés liberando a los esclavos hebreos? ¿O Jesús sanando al ciego? ¿Porqué? ¿Acaso estas historias reales contienen pistas acerca de tus deseos santos?

Nota: Los personajes de Ayn Rand no aplican en estos casos.

El deseo es una parte clave de la espiritualidad ignaciana porque el deseo es una manera clave en la que la voz de Dios se escucha en nuestras vidas. Y al final, nuestro deseo más profundo, plantado dentro de nosotros, es nuestro deseo de Dios. (Sigue leyendo ese artículo), 

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Acerca de catolicochapin

Soy un hombre, católico, casado y chapín. Una de mis pasiones es la fotografía, y me gusta escribir, leer y hacer chistes. He tratado de ser de esos admirables católicos llenos de caridad en sus debates. Es inútil...soy demasiado sarcástico.
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6 respuestas a Tus deseos…

  1. Niulca Márquez dijo:

    Hola, ¿Me puedes decir que significa “Chapín”? ¿Y porque no usas tu nombre y tu foto?¿Eres muy feo o te odian muchos?…disculpa la curiosidad. Saludos.

    • Hola Niulca… Chapín es como nos llaman a los guatemaltecos. Me llamo Carlos, pero no utilizo mi nombre porque he trabajado con empresas que monitorean tu vida en línea, y me parece que no es asunto de Recursos Humanos. Y también soy feo, jejeje

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