Seis Caminos a Dios

Rubens - San Ignacio de Loyola 1620

Inicio una serie adaptada del libro “The Jesuit Guide to (Almost) Everything”, que trata acerca de la Espiritualidad de San Ignacio y los jesuitas. Su autor es el Padre James Martin, S.J.

Dado que ahora tenemos un Papa jesuita, me parece un tema interesante aprender más de como piensan los hijos de San Ignacio de Loyola.

¡Disfrútenlo!

Los seis caminos hacia Dios

Estás leyendo este artículo, me imagino que al menos estas ligeramente interesado acerca de la cuestión de la religión, y las preguntas que nos hace. Así que empezaremos con una pregunta difícil. Como la fe católica se basa en la creencia de que existe un Dios, y este Dios desea tener una relación con nosotros, es importante que empecemos primero pensando en Dios. Por lo menos hará que todo lo que viene después parezca fácil en comparación.

Así que…

¿Cómo encuentro a Dios?

Esa es la pregunta que marca el inicio para todos los que buscan. Pero, sorprendentemente, muchas veces no se hace esa pregunta a quienes buscan. A veces se asume que ya crees en Dios, o que ya lo encontraste, o que Dios es parte de tu vida. Pero en realidad, hay que hacerse esa pregunta si aún no entras en esas categorías. Así como para aprender a nadar primero hay que aprender a flotar.

Para empezar a contestar esta pregunta, ¿Como encuentro a Dios?, iniciemos con algo más familiar. Veamos las distintas maneras en que la gente busca a Dios. A pesar de que hay tantos caminos personales como personas hay en el mundo, vamos a resumir todos en seis caminos anchos, por claridad.

Cada camino tiene beneficios y peligros. Durante tu vida puede ser que te encuentres en varios de estos caminos. Podrán haber momentos durante los cuales te sientes en más de uno de esos caminos.

El Camino de la Creencia

Para las personas en este camino, la creencia en Dios siempre ha sido parte de sus vidas. Nacieron en familias religiosas o se les presentó la religión desde muy pequeños. Se han movido por la vida más o menos confiados en su creencia en Dios. La fe siempre ha sido un elemento esencial de sus vidas. Rezan regularmente, frecuentan servicios religiosos y se sienten cómodos hablando acerca de Dios. Sus vidas, como cualquier otra vida, no están libres del sufrimiento, pero su fe les permite poner sus sufrimientos dentro de una estructura de significado.

La vida temprana de Walter Ciszek, un sacerdote jesuita que pasó veinte años en las prisiones soviéticas en Siberia desde los años 40, refleja este tipo de crianza. En su autobiografía describe como creció en el seno de una devota familia. La vida familiar estaba centrada en su parroquia, Misas dominicales, confesión semanal, etc. Así que no es una sorpresa que en su primer capítulo Ciszek diga: “Debe haber sido por medio de las oraciones de mi madre que decidí, de la nada, en segundo de secundaria, que iba a ser un sacerdote.” Lo que para muchas personas sería una decisión muy difícil fue para el joven lo más natural del mundo.

Los beneficios de viajar por el camino de la creencia son muchos: La fe en Dios significa saber que nunca estas solo. Conoces y te conocen. Vivir en una comunidad que cree provee compañía. Durante las etapas duras, la fe es un ancla. Y la fe cristiana también nos da la promesa de la vida más allá de la terrenal.

Este tipo de fe sostuvo a Walter Ciszek durante sus años en los campos de trabajo soviéticos y le permitió, cuando finalmente abandonó Rusia en 1963, bendecir al país cuyo gobierno le había causado tanto sufrimiento físico y mental. Hubo momentos en que tuvo una lucha con sus creencias (¿y quien no lo tendría bajo esas circunstancias?) pero al final su fe permaneció firme. Las últimas lineas de su libro describen lo que pasó mientras su avión despegaba: “Lentamente, con cuidado, hice la señal de la Cruz sobre la tierra que estaba dejando.”

Hay quienes envidian que van en el camino de la creencia. “¡Si tan solo tuviera tanta fe como tú!” dicen. A pesar de que este sentimiento es comprensible, esta perspectiva hace que parezca que la fe es algo que ya tienes, en lugar de algo en lo que trabajas para mantener viva. Es como decir que uno nace con fe de la misma manera que uno nace con ojos cafés o pelo castaño. O como si la fe fuera como parar en una gasolinera y llenar el tanque. Ninguna de estas metáforas es correcta. Quizás una mejor metáfora sea la de un jardín: a pesar de tener lo necesario (tierra, semillas, agua) hay que trabajar para cultivarlo y alimentarlo. Como un jardín, la fe requiere de paciencia, persistencia e incluso de trabajo.

Si tú envidias a aquellos en el camino de la creencia, no te preocupes…mucha gente pasa por un período de dudas y confusión antes de conocer a Dios. A veces por tiempo muy largo. San Ignacio finalmente acepto la presencia de Dios en una edad cuando la mayoría de sus amigos de la misma edad ya tenían familias y éxito económico.

Ninguno de estos seis caminos deja de tener peligros. Una trampa para aquellos en el camino de la creencia es no poder entender a las personas que se encuentran en otros caminos y tienen la tentación de juzgarlos por sus dudas o in creencias Ciertamente evita que algunos creyentes sean compasivos, tengan empatía o incluso tolerancia de aquellos que no tienen la misma seguridad en su fe. Su arrogancia los vuelve fríos, consciente o inconscientemente excluyendo a otros de su mundo creyente y cómodo. Esta es la religiosidad malhumorada, sin alegría y nada generosa de la cual nos advierte Jesús: la ceguera espiritual.

¡No se merecen a Dios!

Existe otro peligro más sutil para este grupo: una complacencia que convierte la relación con Dios en algo estancado. Algunas personas se aferran a maneras de entender su fe que fueron aprendidas en la infancia y que pueden no funcionar de adultos.

Por ejemplo, puedes tener una imagen infantil de un Dios que nunca va a dejar que nada malo te pase. Cuando sucede alguna tragedia, y tu imagen de niño de Dios no concuerda con la realidad, es posible que abandones al Dios de tu juventud. O también puedes abandonar completamente a Dios. Una vida adulta requiere de una fe adulta.

Imagínatelo así: no te sentirías equipado para enfrentarte a la vida con los conocimientos matemáticos de un niño de tercer grado primaria. Y sin embargo mucha gente espera que la instrucción religiosa que tuvieron para su primera comunión los sostenga en el mundo adulto. El escritor jesuita William Barry invita a los adultos a relacionarse a Dios de manera adulta. Así como un hijo adulto necesita relacionarse con sus papas de una nueva manera, así los adultos deben relacionarse de distinta manera con Dios cuando maduran. De otra manera, estarán estancados en una visión infantil de Dios que evita que abracen una fe madura.

Yo era muy aplicado en la Primera Comunión

El camino de la Independencia

Aquellos que van por el camino de la independencia han tomado una decisión consciente de separarse de la religión organizada, pero aún creen en Dios. Tal vez se aburran en los servicios de la Iglesia, o no les encuentren sentido, los sientan ofensivos o todo lo anterior. Tal vez han sido insultados (abusados incluso) por un sacerdote, pastor, ministro, monja o rabino. O se sienten ofendidos por ciertos dogmas de la religión organizada. O están convencidos de que los líderes religiosos son hipócritas.

O tal vez solo están aburridos. No faltan las homilías que te dan sueño, literalmente. Como dijo alguna vez el sacerdote y sociólogo Andrew Greeley, a veces la pregunta no es porque tantos católicos abandonan la Iglesia, sino porqué tantos se quedan.

Algún católico puede sentirse disgustado por la enseñanza de la Iglesia en alguna pregunta de moral en particular, o cuestionar su postura en una pregunta política, o por los escándalos sexuales y de corrupción. Consecuentemente, aún cuando todavía creen en Dios, ya no se consideran parte de la Iglesia. Se describen como católicos “en recuperación”, “caídos” o “caducados”. Pero como dijo alguien “No me separé de la Iglesia. La Iglesia se separó de mí.”

“¡Yo creo en la Evolución y TAMBIÉN en el sexo prematrimonial! “

A pesar de que mantienen su distancia de los templos, muchas personas en este grupo siguen siendo firmes creyentes en Dios. Muchas veces encuentran consuelo en alguna práctica religiosa que aprendieron de niños. A veces añoran una manera más formal de adorar a Dios en sus vidas.

Una fortaleza de este grupo es una saludable independencia que les permite ver las cosas de una manera fresca…algo que muchas veces necesita la propia comunidad religiosa. Aquellos que están “afuera” y no están atados por las restricciones usuales acerca de que es “apropiado” o “no apropiado” decir dentro de la comunidad, pueden muchas veces hablar más honestamente.

El mayor peligro para este grupo, es, sin embargo, un perfeccionismo que ninguna organización religiosa puede satisfacer.

No hace mucho, un amigo dejó de ir a la iglesia familiar. Es una persona inteligente y compasiva que cree en Dios y cuyos papás son evangélicos tradicionales (episcopalianos). Pero él creía que su iglesia local estaba demasiada alineada con los ricos. Así que decidió buscar una comunidad que reconociera el lugar de los pobres en el mundo.

Después de dejar su iglesia, pensó en unirse a la Iglesia Católica local, pues se dio cuenta que muchos pobres iban allí los domingos. Pero estaba en desacuerdo con la prohibición de tener sacerdotes mujeres. Así que rechazó el catolicismo. Después hizo un intento con el Budismo, pero no pudo reconciliar su creencia en un Dios personal y su devoción a Jesús, con la cosmovisión budista. Finalmente encontró a la Iglesia Unitaria, que al principio pareció ajustarse bien a él. Apreciaba la mente abierta de su espiritualidad y compromiso con la justicia social, así como la bienvenida que le daban a quienes se sentían rechazados en otras iglesias. Pero eventualmente encontró un problema: los unitarios no tenían un sistema de creencias claro. Al final, decidió no pertenecer a ninguna iglesia. Se queda en su casa los Domingos.

Esta experiencia nos recuerda que buscar una comunidad religiosa perfecta es inútil. Como el monje trapista Thomas Merton escribió, “El primer y más elemental examen de la llamada a la vida religiosa (ya sea como jesuita, franciscano, cisterciense o cartujo) es la voluntad de aceptar vivir en una comunidad en la cual todos son más o menos imperfectos.” Esto es cierto de cualquier organización religiosa.

Esto no es una excusa para todos los problemas, imperfecciones e incluso el pecado de las organizaciones religiosas. Más bien, es admitir realistamente que, mientras seamos humanos, seremos imperfectos. También es un recordatorio a aquellos en el camino de la Independencia (creyentes que abandonaron la religión organizada) que la búsqueda de una iglesia perfecta no tiene final.

El camino de la incredulidad

Aquellos que van por el camino de la incredulidad no solo no encuentran en la religión organizada nada que los atraiga (incluso si a veces encuentran sus servicios y rituales consoladores), pero han llegado a la conclusión intelectual de que Dios puede no existir, no existe o no puede existir. Muchas veces buscan pruebas para la existencia de Dios, y al no encontrar ninguna o encontrarse con el sufrimiento intenso, rechazan completamente los puntos de vistas teístas.

El principal beneficio de este grupo es que no dan como hecho las blandas garantías de la religión. A veces han pensado más profundamente acerca de Dios y de la religión que muchos creyentes. De la misma manera, algunas de las personas menos egoístas del mundo son ateos o agnósticos. El “santo secular” es real.

También tienen el don de detectar respuestas hipócritas, sesgadas o perezosas: son un detector de “tonterías explicativas” religiosas. Si se le dice a alguien que pertenezca a este grupo que el sufrimiento es parte del plan misterioso de Dios y que debe aceptarse sin más, y con toda la razón va a exigir que expliques el porqué. Trata de hablarles de “la voluntad de Dios” y vas a terminar siendo sermoneado acerca de la responsabilidad personal.

El mayor peligro para este grupo es que esperan que la presencia de Dios se pruebe exclusivamente de manera intelectual. Cuando algo profundo ocurre en sus vidas emocionales, algo que los toque hondamente, ellos rechazan la posibilidad de que sea Dios en acción. Su intelecto puede convertirse en una pared que cierra sus corazones a las experiencias de la presencia de Dios. Ellos pueden evitar atribuir a Dios cualquier cosa que un creyente pueda ver como un ejemplo obvio de la presencia de Dios.

De alguna manera esperan que Dios abra los cielos y les hable directamente, de lo contrario no podrían creer. A pesar de que ese tipo de revelación les quitaría la libertad de creer o no. Y sin embargo, ellos pueden también encontrar a Dios.

El Camino de Regreso

Este camino esta cada vez más transitado. La gente en este grupo típicamente inicia su vida en una familia religiosa pero se aparta de su fe. Después de una niñez donde fueron animados (u obligados) a ir a servicios religiosos, los terminan encontrando aburridos, irrelevantes o ambos.

La religión se mantiene distante, y sin embargo atrayente.

Luego algo enciende su curiosidad acerca de Dios. Tal vez alcanzaron el éxito material y se preguntan: “¿Esto es todo lo que hay?” O después de la muerte de alguno de sus papas, se empiezan a cuestionar acerca de su propia mortalidad. O sus hijos le preguntan acerca de Dios, despertando preguntas que han tenido dormidas dentro de sí por años. “¿Quién es Dios, mami?”

Y así inicia un viaje vacilante hacia su fe…aunque tal vez no sea la misma fe que conocieron como niños. Tal vez una nueva tradición les habla más claramente. Tal vez regresen a su religión original, pero de una manera diferente, más comprometida que cuando eran jóvenes.

Esto no es ninguna sorpresa. Como mencionamos arriba, no te considerarías un adulto educado si dejas de estudiar en tercer grado. Sin embargo muchos creyentes abandonan su educación religiosa siendo niños, y esperan que sea suficiente para su vida adulta. La gente en este grupo muchas veces encuentran la necesidad de re educarse para entender su fe de manera más madura.

Como niños podemos pensar, por ejemplo, que Dios es el Gran Solucionador de Problemas que arreglaría todos los que tengo si tan solo rezo lo suficiente. Déjame sacar un 100% en mi examen de Estudios Sociales. Que me vaya bien en matemáticas. O mejor aún, que mañana algo pase y no tengamos escuela.

Si Dios es todo bueno, razono, entonces contestaría mis plegarias. ¿Que razón puede tener Dios para no hacerme caso? Y cuando voy creciendo, el modelo del Gran Solucionador de Problemas colapsa…más que nada porque parece que a Dios no le interesa solucionar todos mis problemas. Rece mucho y mis problemas no se arreglaron. ¿Porqué no? ¿Acaso no le importo a Dios?

Mezclen eso con algún sufrimiento (la muerte de un ser querido o un amigo, una enfermedad, conocer y ser sensibles al sufrimiento de los demás), y puedes tomar dos caminos.

  • Rechazar a un Dios que o no puede, o no quiere parar el sufrimiento. No solo no soluciona problemas, sino que los causa.
  • El otro es dejar de ver a Dios como un Gran Solucionador de Problemas, y madurar nuestra relación con Él. Preguntarse, sinceramente, “¿Quién es Dios? ¿Quien es Él, Ella, o Eso? ¿Se puede creer en Él en medio de tanto sufrimiento?

El filósofo escocés John Macmurray, hace un contraste entre la “verdadera religión” y la “religión ilusoria”.

El lema de la “religión ilusoria” es: “No tengas miedo, confía en Dios y El hará que ninguna de las cosas que temes te sucedan”.

La “verdadera religión” te dice: “No tengas miedo, las cosas que temes muy probablemente te sucedan, pero no son nada que debas temer.”

El Camino de la Exploración

A pesar de que, supuestamente somos un pueblo muy religioso, hay muchas personas que no han practicado ninguna. Tal vez sus padres tienen distintas religiones, o son simplemente indiferentes.

A una mente curiosa explorar le es natural. Y muchos empiezan a experimentar con una u otra religión. Tengo un amigo que literalmente se ha bautizado en seis distintas iglesias, en su camino de exploración.

O tal vez otros ya son activos en su iglesia, pero no temen experimentar cosas nuevas. Una oración pentécostal, o unos ejercicios espirituales de San Ignacio.

A veces esa exploración los lleva a una comunidad con la que se sienten cómodos, o terminan regresando a la religión de su infancia, pero ahora la pueden ver con ojos nuevos, al igual que no ves de la misma manera a tu ciudad después de un largo viaje por otros lugares.

¿Iglesia nudista? ¿porqué no?

Uno de los peligros de este camino es similar al de el camino de la independencia: Rechazar todas las tradiciones porque ninguna es perfecta. O porque ninguna se le acomoda: Dios se convierte en alguien que esta allí para satisfacer sus necesidades y se convierte en un Dios de bolsillo, lo suficientemente pequeño para guardarse en la bolsa cuando no te conviene (como cuando las Escrituras dicen algo que no te gusta escuchar) y que se saca de la bolsa cuando es conveniente.

Otro peligro: la falta de compromiso. Tu vida entera se puede convertir en una vida de exploración….probando constantemente, un buffet espiritual. Y cuando el camino se convierte en la meta, y Dios deja de serlo, te puedes encontrar al final insatisfecho, confundido, perdido e incluso un poco triste.

El Camino de la Confusión

¿ Ahora que?

Este último camino cruza a todos los demás en distintos puntos. Las personas en el camino de la confusión se encuentran calientes y fríos respecto a la fe de su infancia…encontrando a veces muy fácil creer en Dios y otras encontrando imposible creer. No han “caído”, pero no se mantienen conectados tampoco. Buscan a Dios en la oración y luego se preguntan por que no hay respuesta. Intuyen la presencia de Dios durante momentos importantes, incluso durante servicios religiosos, pero les molestan los problemas de pertenecer a una iglesia, sinagoga, o mezquita. Puede ser que de vez en cuando recen, sobre todo en momentos de urgente necesidad, y puede que vayan a los servicios en fechas importantes.

Pero para este grupo, encontrar a Dios es un misterio, una preocupación o un problema. El más grande beneficio de este camino es que muchas veces ayuda a las personas a cambiar su enfoque de su fe de niños. A diferencia de aquellos que se consideran claramente religiosos o claramente no-religiosos, estas personas no han llegado a una decisión y están constantemente refinando sus ideas acerca de un compromiso religioso.

Pero la confusión puede devenir en pereza. Evitar servicios debido a un criticismo en particular puede llevar a abandonar completamente a la religión organizada porque toma demasiado esfuerzo, o la energía que toma pertenecer a un grupo que demanda, por ejemplo, caridad y perdón.

Dios se vuelve un concepto espiritual: Dios La Fuerza Vital, Dios en el Prójimo, Dios el Distante. Incluso siendo estas imágenes válidas de Dios, Dios puede ser mucho más que esas ideas abstractas.

Estos son los seis caminos que muchos parecen utilizar. ¿Que les puede decir San Ignacio a las personas en estos caminos para encontrar a Dios? La respuesta es: Mucho.

Siguiente parte: Espiritual pero no religioso

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Acerca de catolicochapin

Soy un hombre, católico, casado y chapín. Una de mis pasiones es la fotografía, y me gusta escribir, leer y hacer chistes. He tratado de ser de esos admirables católicos llenos de caridad en sus debates. Es inútil...soy demasiado sarcástico.
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