Una historia de misiones..

Una de las razones por la cual me gusta tanto fotografiar las procesiones es porque NO LAS CONOCÍA realmente. Siendo chapín y todo, fue muy recientemente que empecé a ponerles atención.

Cuaresma Guatemala 2013

Crecí en una familia “piruja” (guatemaltequismo que significa, “católicos no practicantes”) y nadie nunca me invitó a ver una procesión, mucho menos cargarla. Y la época de Semana Santa era para salir disparado a vacaciones, las playas de Escuintla, Jalapa, Izabal, a donde fuera que no hubieran procesiones, por favor. Recuerdo que la primera Semana Santa que pasé en la ciudad fue con unos amigos de El Salvador, y nos la pasamos jugando volleyball todo el tiempo.

Aún ahora no soy cucurucho. Sin embargo, la increible BELLEZA que se ve en las procesiones me atrae como fotógrafo. ¡Pero nada de cargar el anda! Una vez lo intenté, y me tocó ser el más alto y cargar la esquina. ¡Eso si que duele!

Cuaresma Guatemala 2013

Ese NO soy yo.

Con el tiempo encontré una manera distinta (y para mí, muchísimo más gratificante) de pasar mis vacaciones: de misionero.

Básicamente consiste en buscar un obispo que nos permita trabajar en su diócesis (en mi caso, he trabajado en Escuintla, con autorización de Monseñor Palma y en Petén, invitado con los salesianos por Monseñor Fiandri). Luego se busca una aldea o pueblo que no tenga sacerdote párroco y nos instalamos allí durante toda la semana. Se organizan visitas casa por casa, celebraciones de religiosidad popular, juegos con los niños y catequesis de adultos y pequeños.

Misionero

Tengo miles de historias que podría contar, pero hoy les comparto lo que me pasó en una aldea cercana a San Andrés Osuna, Escuintla. La aldea es tan pequeña y sin importancia que llevo días tratando de recordar su nombre.

Estabamos en San Andrés en una misión médica bastante grande, con el apoyo de varios médicos y voluntarios y de dos sacerdotes que venían como capellanes de la misión. Otro grupo estaba preparado para las misiones de evangelización, así que nos preparamos y nos repartimos en varias comunidades. Era mi primera experiencia como misionero.

La comunidad que me tocó a mí estaba a unos 20 kilómetros de terraceria del pueblo. En las faldas del volcán de Fuego, con el típico calor de Semana Santa.

Una vez en la aldea, nos llevamos un duro golpe. El párroco de San Andrés solo podía visitar el lugar cada tres meses más o menos, debido a la enorme cantidad de comunidades a su cargo. Así que en esa aldea que no tenía ni 50 casas, había DOS iglesias evangélicas, y casí todo el mundo pertenecía a alguna de ellas.

Ese día aprendí lo que sienten los testigos de Jehová. Logramos hablar apenas con una o dos personas, mientras el resto amablemente nos decían que no estaban interesados, si teníamos suerte, o nos daban un portazo.

Después de estar allí toda la mañana y parte de la tarde, yo me preguntaba que habiamos ido a hacer a ese lugar.

Estábamos en esas, cuando se apareció un señor bastante joven, y nos preguntó si teníamos un poco de tiempo. Nos contó que su esposa estaba enferma, y que a él y su familia les gustaría que rezáramos el Rosario junto a ella. Los acompañamos con gusto, pero realmente no estaba preparado para lo que íbamos a ver en ese momento.

La señora no estaba enferma. Estaba agonizando en su cama. Respiraba rápida pero superficialmente, y su piel estaba entre gris y azul. La vida se le escapaba.

Su esposo nos contó que quería ir por el párroco para que le diera la extremaunción, pero que temía que si se iba al pueblo ella muriera mientras el estuviera fuera. Rezamos el Rosario junto a su familia, y tomé el teléfono para llamar a la misión médica y antes de una hora teníamos a un sacerdote junto a su cama.

Nunca había presenciado una extremaunción. Fue todo rapidisimo. Creo que no duró ni 15 minutos. La enferma murió un par de horas después.

Sin embargo, allí, en la montaña, en una casita muy pobre, supe porqué Dios había permitido que estuviera toda la mañana recibiendo portazos en la cara. La familia, el esposo…tristes por su muerte, pero maravillados de que el día de su muerte llegara un misionero a esa aldea donde el sacerdote se aparecía cada tres meses. Allí aprendí que Dios nunca nos deja solos. Todo valió la pena porque ese día se salvó un alma.

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Acerca de catolicochapin

Soy un hombre, católico, casado y chapín. Una de mis pasiones es la fotografía, y me gusta escribir, leer y hacer chistes. He tratado de ser de esos admirables católicos llenos de caridad en sus debates. Es inútil...soy demasiado sarcástico.
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5 respuestas a Una historia de misiones..

  1. padrebryan dijo:

    ser misionero es una de las experiencias más maravillosas que he tenido en mi vida… he sido cucurucho y miembro de una hermandad y hoy por hoy lo que más extraño es la semana santa en Guatemala… pero no cambio mi trabajo!!! me siento feliz (y útil) en lo que hago… en fin… gracias por compartir, bro! Dios bendiga a otros a través de tu misión!

  2. Juan Sujuy dijo:

    Que anécdotona manin…!!!

  3. Que bonita experiencia de misión, definitivamente un gran crecimiento espiritual. Cuando tengás otra oportunidad de participar en algo similar, por favor avisame para ir yo también.

    Saludos cordiales

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