Mea culpa, mea máxima culpa

Me parece contradictorio lo que veo en esta época de comunicación instantánea. Todos tienen ahora la posibilidad de hacerse de un foro virtual, sea Facebook, G+, Twitter o los blogs. La comunicación entre los humanos esta abierta, pero pareciera que entendemos comunicación como el hecho de gritarnos los unos a los otros.

“Bajo estos parámetros, nuestro dialogo es un éxito”.

 El dialogo que la Iglesia entabla con el resto del mundo es particularmente extraño. Si bien es posible tenerlo y obtener, en ocasiones, conversaciones fructíferas con representantes de otras religiones (es famoso ecumenismo), con los científicos (Pontificia Academia de las Ciencias), y básicamente con cualquiera que esté dispuesto a platicar, lo que se encuentra es una falta de interlocutores. Para entablar un dialogo es necesario un respeto mutuo, pero este es muy difícil (aunque no imposible) de encontrar.

Si alguien ha tenido una pareja medio psicótica, podrá comprender la dificultad. Nada de lo que hagamos los católicos los podrá satisfacer jamás. Lo podemos ver (tan transparentemente) estos días, cuando los mismos que antes criticaron a Juan Pablo II por NO renunciar, ahora critican a Benedicto XVI por renunciar. Esto es parecido al dilema que surge cuando una mujer te pregunta: “¿Me veo gorda en este vestido?” Simplemente es imposible dar una respuesta con la que ella se conforme.

“Mejor vete corriendo”

En casos como el de Galileo, la cosa se vuelve más descabellada. Ok, Galileo fue juzgado hace 380 años. Ok, el papel de la Iglesia no es definir basada en la teología, teorías científicas. Ok, fue una equivocación mezclar ambos campos. Esta bien, actualmente no lo hacemos. De acuerdo, el Papa Juan Pablo II pidió perdón por los pecados de la Iglesia y de sus hijos. ¿Que más se necesita para que estén satisfechos? ¿No va siendo hora de que lo superes?

“Si para satisfacer tus expectativas se necesita una maquina del tiempo, estas siendo irrazonable”.

Este patrón se repite en la mayoría de los debates que tenemos los católicos. No importando que hagamos, no podemos satisfacer a los demás. Es como hablar con alguien que te dice:

…la única respuesta que podemos dar a semejante pregunta es seguir viviendo, aunque sepamos que nuestra simple existencia es motivo de molestia para algunos.

Pero en realidad no debemos preocuparnos tanto de lo que nos dicen desde afuera de la Iglesia. Ya lo dijo el Papa Benedicto XVI, el mayor peligro para la Iglesia no son quienes la atacan por afuera, lo constituye “el pecado dentro de la Iglesia”.

Las culpas de los católicos

Ahora bien, es costumbre actualmente escuchar de que somos culpables de todo. Somos culpables de la pobreza, somos culpables de la discriminación, somos culpables de las guerras y los niños con hambre. Somo culpables de la injusticia en los sistemas económicos, de la delincuencia. ¿Y sabes que? Tienen toda la razón.

Papa y Santo

Me incluyo dentro de los culpables, porque no soy nadie para pontificar, y seguramente soy peor que muchos.

Somos culpables, pero no por ser católicos, sino por ser católicos tibios.

La Iglesia nos tiene un programa a nosotros los cristianos, llamado “Santidad”, que muy pocas veces es atendido por nosotros.

¿Y cual es la solución?

Al contrario de lo que nos cuentan, la solución no es desaparecer a la Iglesia, encerrarla en sus templos, sino que salir al mundo a cumplir nuestra misión. Así, personalmente, hazte la pregunta “¿Que me pide Dios que haga por mis hermanos?” y hazlo.

Ya lo dijo alguna vez Juan Pablo II:

 

 

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Acerca de catolicochapin

Soy un hombre, católico, casado y chapín. Una de mis pasiones es la fotografía, y me gusta escribir, leer y hacer chistes. He tratado de ser de esos admirables católicos llenos de caridad en sus debates. Es inútil...soy demasiado sarcástico.
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5 respuestas a Mea culpa, mea máxima culpa

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  4. Ce Gzz dijo:

    La última cita que pones en realidad le pertenece a Santa Catalina de Siena! (que San JPII la haya usado, indudable, pero esta Doctora de la Iglesia fue la primera en acuñarla.

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