Estamos hechos para la eternidad

Estamos hechos para la eternidad

Adaptado de un artículo de Marc Barnes

En el ateísmo hay un dolor que se parece muchisimo al amor no correspondido. Existe una sensación incomoda y sin nombre dentro del nihilismo, agnosticismo y todas las modas solitarias del hombre post-cristiano que recuerda mucho la sensación de haber sido rechazado. Pero antes de molestarte con todo esto, acompañame a dar una vuelta,  alrededor del Tema con la esperanza de volver a este, comprendiendolo mejor.

Será fácil, ¡te lo prometo!

El dolor del amor no correspondido, de ser rechazado o enviado a la “zona de amigos”, no es simplemente la ausencia de una relación amorosa. Es la ausencia de todo. Un hombre sin comida tiene hambre. Un hombre sin dormir esta cansado. Pero un hombre sin su amada esta destruido. El mundo entero se oscurece, saturado por la ausencia. Hay algo acerca de este fracaso de ser amado que invade cada aspecto de su vida y hace que levantarse en la mañana sea miserable. Te dirán desesperanzado, patético, te van a decir acerca de que hay muchos peces en el mar, que un clavo saca a otro clavo, que hay que seguir adelante…pero todo es inútil.  Seguramente este hombre dirá sus clichés: “No vale la pena vivir sin ella,” “Ella es todo lo que yo quiero,” y:

"¡Mi pan con jalea no tiene sabor!"

¡Exactamente a lo que me refiero! La falta de amor no limita su miseria al lado romántico de la vida…te arruina tu pan con jalea, hace que todo sea una porquería y hace que todo sea amargo.


La razón de que esto sea así, es que el Amor es infinito en calidad. Dejando de lado el argumento filosófico, simplemente veamos a nuestra propia experiencia acerca de esto.

Claramente, no existe un hombre sobre la tierra que diga “Soy amado demasiado”, ni una sola pareja de casados que diga “ya llegamos a los límites de nuestro amor.” Tampoco hay, me atrevo a afirmar, un límite…”Hasta aqui voy a amar y nada más.”

De manera natural tratamos al Amor como algo infinito. Lo que dice el Cantar de Cantares no es una hipérbole mística, es una expresión muy práctica de la existencia humana. “Las aguas torrenciales no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si alguien ofreciera toda su fortuna a cambio del amor, tan sólo conseguiría desprecio.” Por supuesto. No se puede llenar un espacio infinito. No se puede pagar por algo cuyo precio es infinito. El amor es infinito.

Si esto es verdad, entonces el sufrimiento del que ama tiene un sentido, aunque triste. Él no desea una simple cosa, desea algo infinito. Él tiene un anhelo por lo eterno. Quiere la eternidad. Si este deseo no se cumple, o le es negado, ¡por supuesto que todo su ser se verá afectado! Por supuesto que su pan con jalea no tiene sabor.  Él, de una manera muy real, extraña todo.

¡Es increible como tenemos una nocion del infinito! No hay nada en la naturaleza, ningún ejemplo concreto de lo eterno sobre el cual desarrollar una noción del infinito, y sin embargo es algo tan primordial como el agua, y está escrito en nuestros corazones.  El más antiguo de los mitos tiene esto en común…la idea de inmortalidad, de una vida infinita.

No utilizamos la lógica para creer que la belleza es infinita, más bien lo experimentamos, ¿acaso es posible que pensemos que algo es demasiado bello? Siempre que experimentamos la belleza nos elevamos naturalmente al infinito…no nos sentimos saciados de la belleza, siempre buscamos “¡más, más, más!”. ¿Hay alguna manera más humana de describir al infinito que con la expresión, “¡más, más, más!”? Nosotros, los hombres, estamos fascinados por lo eterno.

Alegoría de la Eternidad por  Giulio Romano


¿Será una coincidencia que las mismas cosas que asociamos con el infinito son nuestras definiciones de Quien es Dios? Dios es Amor. El Amor es infinito. Dios es Belleza. La Belleza es infinita. Dios es Bondad. La Bondad es infinita. Tal vez hemos escuchado estas definiciones de Dios, ¿pero realmente comprendemos lo que significan?

Sigan conmigo…Cuando percibimos infinitos, como dijimos antes, somos elevados al sentimiento de la eternidad. Si no cree este punto, escuche esto:

Es completamente razonable que nuestras mentes y corazones inmediatamente asocien esta loca experiencia de anhelar con un Ser Único que puede llenar nuestros anhelos de “¡más, más, más!”. Se puede decir entonces: Si encuentro que tengo deseos infinitos, puedo concluir que existe una satisfacción infinita…un Cielo.

“¡Eres la Belleza! ¡Eres la Belleza!” Cuando San Francisco gritó esto en el Monte Verna, se combinó lo práctico y lo místico.

Piensa en nuestros deseos infinitos como agujeros en nuestro corazón. ¿Que puede llenar una necesidad infinita sino una realidad infinita? Siempre deseamos más belleza…bueno, pues la Belleza existe y le llamamos Dios.

No acuses al Teísta de irracionalidad…es completamente lógico concluir que existe un Ser hacía el cual se alinean nuestros deseos infinitos. El ateo debe confrontar la pregunta de que si no existe la satisfacción infinita, ¿porqué el corazón esta lleno de deseos infinitos? ¿Es simplemente crueldad?

Así que después de dar un gran rodeo, volvemos al Punto. El problema que tengo con el ateísmo, materialismo y todo el resto no solo que sean falsas ideologías, sino que exigen que estemos contentos con lo finito. Nuestro deseo por la belleza no puede ser infinito, ya que un deseo infinito implica una satisfacción infinita, y no existe tal cosa como el Cielo. Debo contentarme con vivir una vida que se acaba, una vida donde el amor tiene limitaciones, la verdad está presa y la belleza se acaba al llegar a cierto punto.

Si nos basamos solo en lo que podemos ver cientificamente, entonces existe un límite a todo. La religión nos libera para llegar a profundidades inimaginables…el ateísmo niega nuestra propensión al infinito y nos exige quedarnos en lo superficial.

En este sentido es como el amor no correspondido…nunca se nos permite entrar al infinito. O más bien, el ateismo es como el enamorado que, rechazado, lucha por convencerse a si mismo que en realidad nunca amó, que su deseo infinito no existe. Y por lo tanto es común oir de los ateos que la bondad es relativa, o que el amor es simplemente una reacción química.

Pero para los cristianos, Dios nos dice: “Este es el pan bajado del cielo. Sus padres comieron mana y murieron, pero quien coma de este pan vivirá para siempre.” Cristo sangró y murió para que pudieramos tener un amor infinito, bondad infinita, belleza infinita, y la infinita satisfacción que necesitan nuestros hambrientos corazones. Estaremos eternamente saciados. Estamos hechos para un extasís inimaginable. Nunca dejemos de buscar las profundidades.

Anuncios

Acerca de catolicochapin

Soy un hombre, católico, casado y chapín. Una de mis pasiones es la fotografía, y me gusta escribir, leer y hacer chistes. He tratado de ser de esos admirables católicos llenos de caridad en sus debates. Es inútil...soy demasiado sarcástico.
Esta entrada fue publicada en Apologética, Catolicismo, Secularismo y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Estamos hechos para la eternidad

  1. JuanC dijo:

    Muy buen artículo…
    Saludos…

  2. Pingback: Como responder a la tragedia | Católico Chapín

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s