Sobre esta Roca, Parte 3

por G.K. Chesterton

Traducida por Carlos Urrutia

Para propósitos prácticos en la civilización protestante hay otro hecho que surge claramente a la vista, aún más allá que la Transustanciación. Es el Papado que hace al papista. Para él, por lo menos, viene de las grandemente dramáticas palabras acerca de la Roca y las Puertas del Infierno; ciertamente parece, para decir lo mínimo, como un asiento de una autoridad superior en los debates de los primeros Padres y concilios; pero no fue definido lógica y literalmente hasta mediados del siglo XIX. En este sentido es cierto que la idea creció, pero no podemos aceptar la tontería de la clase de evolución que imagina que algo puede surgir de nada. Pero en lo que se refiere al crecimiento de una verdad eterna, en la comprensión de los hombres, ha crecido continuamente con el incremento de experiencia de los hombres. El caso general ante un tribunal para definir la verdad se ha tocado ya. Demostré que mucho antes de que los protestantes se apresuraran a preservar su simple cristiandad, incluso esa simple cristiandad no hubiera estado allí para ser preservada si no hubiera existido un tribunal de la Iglesia para preservarla. La pregunta entonces se convierte en una acerca de la naturaleza del tribunal. Incluso si la democracia fuera aplicable a una revelación, no podría existir en realidad un tribunal democrático que debiera decidir todo el tiempo y ser democrático todo el tiempo. No serían los millones de pobres y humildes católicos que gobernarían, serían los oficiales si no es que un oficial. Sería un Santo Sínodo. Ahora cada instinto popular que los católicos poseen les parece a ellos que en lugar de tener simplemente una orden oficial, es decir, una oligarquía, es mucho más humano tener una monarquía, es decir, un hombre. Es de veras notable que aquellos que rompieron con esta monarquía puramente legal generalmente instauran una monarquía material y bastante inmoral. El primer gran cisma en el Este fue hecho por hombres que cambiaron a los Papas por los Césares y los Zares. El último gran cisma en el Oeste fue hecho por hombres que le atribuyeron derechos divinos a Enrique VIII, para no mencionar a Carlos I. Aquellos que pensaron que el papado era demasiado déspota no pudieron siquiera escapar del despotismo.


No se requiere explicar, espero, que el único despotismo del Papa consiste en el hecho que todos los católicos creen en el hecho que Dios le guardará de enseñar falsedades a la Iglesias en aquellas especiales y rara ocasiones cuando se le requiere terminar una controversia con una declaración final de fe. Sus pronunciamientos ordinarios, aunque naturalmente se reciben con profundo respeto, no son infalibles. Su carácter privado depende de su propia libre voluntad, como la de cualquier otro. Él puede cometer pecados como cualquiera, se debe confesar de sus pecados como cualquiera, y el que sea Papa no tiene nada que ver con su salvación. Pero la pregunta es, dada nuestra necesidad de dichas decisiones finales para salvar a la cristiandad de grandes crisis, ¿qué órgano de la Iglesia decide? Mientras más experiencia histórica se acumula, más profundamente agradecidos se siente la mayoría de los católicos de que el órgano sea un ser humano, una mente y no un tipo, una voluntad y no una tradición o un tono de una clase. Los mejores obispos gobernando como una clase se convertirían en un club, como lo es un parlamento. Tendrían todas sus responsabilidades aisladas, su adulación mutua, todo su difuso y peligroso orgullo. Pero la responsabilidad de un Papa es tan solitaria y tan solemne que un hombre sería un maniático si no sintiera humildad ante esta.

[Continuará…]

Parte 1

Parte 2

Parte 4 y final.

 

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Acerca de catolicochapin

Soy un hombre, católico, casado y chapín. Una de mis pasiones es la fotografía, y me gusta escribir, leer y hacer chistes. He tratado de ser de esos admirables católicos llenos de caridad en sus debates. Es inútil...soy demasiado sarcástico.
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2 respuestas a Sobre esta Roca, Parte 3

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