Sobre esta Roca, Parte 2

SOBRE ESTA ROCA
por G.K. Chesterton

Traducida por Carlos Urrutia

Desgraciadamente es imposible para un Católico Romano exponer este principio sin sonar provocador y, peor aún, superior, pero a menos de que lo exponga, no está exponiendo al Catolicismo Romano. Habiéndolo expuesto, sin embargo, en su forma dogmática y desafiante, como es su deber, él puede sin embargo sugerir algo de porque el sistema parece, para aquellos adentro de él, ser más bien un hogar que un sistema, incluso un día de fiesta. De esta manera no busca ser superior en un sentido desdeñoso; porque solamente en este sistema, solamente el santo es superior porque se siente como inferior. No dice que todos los herejes están perdidos, pero si dice que existe una conciencia común por la cual pueden ser salvados.

Pero definitivamente dice que aquel que conoce toda la verdad comete un pecado al aceptar la verdad a medias. Por lo tanto la Iglesia no es un movimiento, como todos aquellos que han llenado al mundo desde el siglo XVI, es decir, desde la ruptura del intento colectivo de toda la cristiandad de decir toda la verdad. No es el movimiento de algo tratando de encontrar su balance; es el balance. Pero el punto aquí es que incluso esos herejes, que arrebataron medias verdades, muy pocas veces se robaron la misma mitad. Los protestantes originales insistían en un Infierno sin Purgatorio. Sus sucesores modernos generalmente insisten en un Purgatorio sin Infierno. Sus futuros sucesores pueden muy posiblemente insistir en un Purgatorio sin Cielo. Puede parecer una secuela natural a la adoración del Progreso por si mismo, y a la teoría de que “viajar con esperanza es mejor que llegar.” Para el católico cada una de estas cosas puede ser disputada en su momento, y todas permanecerán.


Y sin embargo, al hacer un sumario tan corto en un mundo aún protestante por tradición, es conveniente asumir que el lector conoce el esquema cristiano en esas facetas que, hasta hace poco, eran comunes a muchos o la mayoría de cuerpos cristianos, la Imagen de Dios, La Caída, la necesidad de Redención, el Juicio final, y el resto; y que describir la fe católica (de donde todas estas cosas vienen realmente) como el mundo la ve, por las facetas principales que parecen distintivas porque son disputadas. Por lo tanto yo diré una o dos palabras acerca de lo que aún se puede conocer comúnmente como las marcas del catolicismo romano. Debo decir muy poco acerca de la más grande de todas, porque se admite como un misterio y objeto de fe. Los católicos creen que en el Santísimo Sacramento se encuentra Cristo presente, no simplemente como un pensamiento está presente en una mente, pero de la misma manera que una persona está presente en una habitación, velado a los sentidos por la apariencia de agua y pan. De su aspecto histórico debe bastar decir que los católicos romanos están convencidos que se ha enseñado en este sentido al menos tan temprano como San Ignacio, una generación después del Evangelio. El sentido común de esto, me parece, sería decir que si las palabras de Cristo en la Última Cena fueron incomprendidas, entonces fueron incomprendidas por los doce apóstoles. Pero la doctrina es tan tremenda y trascendental que no podemos quejarnos si algunos la malinterpretan como blasfemia y extravagancia. Es solo que no se pueden tener las dos cosas. Ellos no pueden voltearse y quejarse de que afirmamos poseer a Cristo como un Dios viviente por un proceso vital, ausente de las otras comuniones que llamaron imposible a este mismo proceso. Ellos no pueden quejarse de que hablemos acerca de Cristo viniendo de vuelta a la tierra hereje con la primera procesión eucarística. Debe haber alguna diferencia entre el concepto de la presencia de Cristo en su sentido y en nuestro sentido, si de veras se sienten conmocionados y estupefactos por nuestro sentido. Un Regreso al que ellos se sienten impulsados a llamar imposible nosotros estamos permitidos a llamar único.

[Continuará…]

Parte 1

Parte 3


[Extracto de “Un Resumen de la Cristiandad” (Londres, 1926). Reimpreso en la obra de G.K. Chesterton “La Iglesia Católica y la conversión. (1960).]

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Acerca de catolicochapin

Soy un hombre, católico, casado y chapín. Una de mis pasiones es la fotografía, y me gusta escribir, leer y hacer chistes. He tratado de ser de esos admirables católicos llenos de caridad en sus debates. Es inútil...soy demasiado sarcástico.
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3 respuestas a Sobre esta Roca, Parte 2

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