Ortodoxia – Capítulo 1

CAPÍTULO 1 – Introducción en defensa de todo lo demás.

La única excusa posible para este libro es que es la respuesta a un desafío. Incluso un mal tirador se dignifica cuando acepta un duelo. Hace un tiempo, cuando publiqué una serie de artículos apresurados pero sinceros, bajo el título de “Herejes”, varios críticos por cuyo intelecto tengo un cálido respeto (puedo mencionar especialmente al Sr. G.S. Street) dijeron que era muy cómodo para mi decirle a todo el mundo que afirmara su teoría cósmica, pero que yo había evitado cuidadosamente apoyar mis preceptos con ejemplos. “Me empezaré a preocupar acerca de mi filosofía”, dijo el Sr. Street, “cuando el Sr. Chesterton nos haya dicho la suya”.  Esta fue, quizás, hacer una sugerencia imprudente a una persona lista para escribir libros a la más minima provocación. Pero después de todo, aunque el Sr. Street haya inspirado y creado este libro, él no necesita leerlo. Si acaso lo leyera, él descubrirá que en sus páginas he intentado de una manera vaga y personal, usando un grupo de imágenes mentales en lugar de una serie de deducciones,  exponer la filosofía a la cual he llegado a creer. No la llamaré mi filosofía, ya que no la he hecho yo. Dios y la humanidad la hicieron, y esta me hizo a mi.

Muchas veces he tenido ganas de escribir un romance acerca de un navegante inglés que erró levemente su curso y descubrió Inglaterra bajo la impresión de que era una nueva isla en los mares del sur. Siempre resulta, sin embargo, de que o estoy muy ocupado o soy muy perezoso para escribir este gran trabajo, así que lo revelare para los propósitos de ilustración filosófica. Probablemente siempre existirá la impresión general de que el hombre que desembarcó (armado hasta los dientes y comunicándose  por gestos) para plantar la bandera británica en ese templo bárbaro que resulta ser el Pabellón en Brighton, se sintió como un idiota. No me preocupo aquí de negar que se miraba como un tonto. Pero si usted se imagina que el se sintió como un tonto, o que su sentimiento de ser un tonto era su emoción dominante o única, entonces usted no ha estudiado con suficiente delicadeza la rica naturaleza romántica de el héroe de este cuento. Su error fue en realidad un error envidiable, y él lo sabia, si es el hombre que creo que es. ¿Que puede ser más delicioso que tener en los mismos pocos minutos todos los terrores fascinantes de ir al extranjero combinados con la seguridad humana de regresar nuevamente a casa? ¿Qué puede ser mejor que tener la diversión de descubrir Sudáfrica sin la repugnante necesidad de desembarcar allí? ¿Que puede ser más glorioso que prepararse para descubrir Nueva Gales del Sur y luego darse cuenta, con un brote de alegres lágrimas, que en realidad era la vieja Gales del Sur? Al menos a mi me parece que este es el principal problema para los filósofos, y de alguna manera es el principal problema de este libro. ¿Cómo podemos arreglárnoslas para estar al mismo tiempo asombrados del mundo y sin embargo en casa en este? ¿Cómo puede este extraño pueblo cósmico, con sus ciudadanos de muchas piernas, con sus monstruosas y antiguas lámparas, como puede este mundo darnos al mismo tiempo la fascinación de un puedo extraño y la comodidad y honor de estar en nuestro propio pueblo? Mostrar que una fe o una filosofía es cierta desde cada punto de vista sería una tarea demasiado grande incluso para un libro más grande que este, es necesario seguir un argumento y este es el camino que yo propongo seguir. Deseo exponer mi fe particularmente en respuesta de esta doble necesidad espiritual, la necesidad de esa mezcla de lo familiar y lo desconocido que la Cristiandad llama correctamente romance. Por que la misma palabra “romance” tiene en ella el misterio y antiguo significado de Roma. Cualquiera que se decida disputar algo debería siempre empezar diciendo que es lo que no disputa. Además de declarar lo que propone demostrar debe siempre declarar lo que no se propone demostrar. La cosa que yo no propongo demostrar, la cosa que propongo tomar como terreno común entre yo y cualquier lector promedio, es este deseo de una vida activa e imaginativa, pintoresca y llena de curiosidad poética, una vida como la que el hombre occidental de cualquier manera siempre parece haber deseado. Si un hombre dice que la extinción es mejor que la existencia o una existencia aburrida mejor que la variedad y la aventura, entonces no es una de las personas ordinarias de las cuales estoy hablando. Si un hombre prefiere nada, le puedo dar nada. Pero la mayoría de todas las personas que he conocido en esta sociedad occidental en la que vivo estarían de acuerdo  en la proposición general de que necesitamos esta vida de romance práctico, la combinación de algo que es desconocido con algo que es seguro. Por tanto necesitamos ver al mundo como combinar una idea de asombro y una idea de bienvenida. Necesitamos ser felices en este país de las maravillas sin nunca estar simplemente cómodos. Es este logro de mi credo el que perseguiré principalmente en estas páginas.

Pero tengo una razón peculiar para mencionar al navegante que descubrió Inglaterra. Ya que yo soy ese navegante. Yo descubrí Inglaterra. No veo como este libro puede evitar ser egotista, I no puedo ver completamente (a decir verdad) como puede evitar ser aburrido. El aburrimiento, sin embargo, me liberará de la acusación que lamento más, la de ser frívolo. El simple sofismo ligero es la cosa que detesto más de todas las cosas, y es un hecho que es la cosa de lo que generalmente se me acusa. No conozco nada más detestable que una mera paradoja, una mera defensa ingeniosa de lo indefendible. Si fuera verdad (como se ha dicho) que el Sr. Bernard Shaw vivía sobre una paradoja, entonces él debería ser un millonario común, ya que un hombre de su actividad mental podía inventar un sofisma cada seis minutos. Es tan fácil como mentir, ya que es mentir. La verdad es, por supuesto, que el Sr. Shaw tenía la dificultad de que no podía decir una mentira a menos que pensara que era verdad. Me encuentro bajo el mismo intolerable cautiverio. Nunca en mi vida he dicho algo simplemente porque pensara que era divertido, aunque, por supuesto, he tenido la vanagloria humana ordinaria, y tal vez pensé que era divertido porque yo lo había dicho.  Es una cosa describir una entrevista con una Gorgona o un grifo, una criatura que no existe. Es otra cosa descubrir que el rinoceronte si existe y luego disfrutar el hecho de que se mira como que si no existiese. Uno busca la verdad, pero puede ser que instintivamente se persigan las verdades más extraordinarias. Y yo ofrezco este libro con los sentimientos mas calidos a todas las alegres personas que detestan lo que yo escribo, y lo consideran (justamente, hasta donde sé), como un pedazo de payasada o un largo y aburrido chiste.

Ya que si este libro es un chiste, es un chiste de mi mismo. Yo soy el hombre que con la mayor audacia descubrió lo que ya había sido descubierto antes. Si hay un elemento de burla en lo que sigue, esta es una burla a mi mismo, ya que este libro explica como me imaginaba ser el primero en poner pie en Brighton y luego me dí cuenta de que yo era el último. Narra mis aventuras elefantinas en persecución de lo obvio. Nadie puede pensar que mi caso es más ridículo que yo mismo, ningún lector puede acusarme aquí de tratar de ridiculizarlo, soy yo el tonto de esta historia y ningún rebelde puede sacarme de mi trono. Libremente confieso todas las idiotas ambiciones de finales del siglo diecinueve. Yo trate, como todos los solemnes niños, de estar delante de mi tiempo. Como ellos intenté estar adelantado diez minutos a la verdad. Y descubrí que yo estaba mil ochocientos años atrás de ella. Forcé mi voz con dolorosas exageraciones juveniles al decir mis verdades. I fui castigado de la mejor y más divertida manera, ya que aún tengo mis verdades, pero he descubierto, no que no fueran ciertas, sino que simplemente no eran mías. Cuando me imaginaba que yo estaba parado solo estaba en la ridícula posición de estar siendo apoyado por toda la Cristiandad. Puede ser, el Cielo me perdone, que haya tratado de ser original, pero solo he logrado inventar por mi mismo una copia inferior de las tradiciones existentes de la religión civilizada. El navegante pensaba que era el primero en encontrar Inglaterra, yo creía que era el primero en encontrar Europa. Intenté encontrar una herejía propia, y cuando le había puesto los últimos toques, descubrí que era ortodoxia.

Puede ser que alguien encuentre entretención en la narración de este feliz fiasco. Puede divertir a un amigo o a un enemigo el leer como gradualmente aprendí de la verdad de alguna leyenda perdida o de la falsedad de alguna filosofía dominante, cosas que pude haber aprendido de mi catecismo…si alguna vez hubiera aprendido. Puede o no puede haber algún entretenimiento en leer como encontré al fin en un club anarquista o un templo babilonio lo que pude haber encontrado en la parroquia más cercana. Si alguien se entretiene en aprender como las flores del campo o las frases en un bus, o los accidentes de políticos o los dolores de la juventud se unieron en cierto orden para producir una cierta convicción de ortodoxia cristiana, podría posiblemente leer este libro. Pero en todo existe una razonable división del trabajo. Yo he escrito este libro y nada en la tierra me induciría a leerlo.

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Añado una nota puramente pedante que va, como una nota naturalmente debe,  al comienzo del libro. Estos ensayos tratan solamente de discutir el hecho real que la teología central cristiana (suficientemente resumida en el Credo de los Apóstoles) es la mejor fuente de energía y una sólida ética. No intentan discutir la muy fascinante pero completamente diferente cuestión de cual es el asiento presente de la autoridad para la proclamación de dicho credo. Cuando la palabra “ortodoxia” se utiliza aquí, significa el Credo de los Apóstoles, como se entiende por todos aquellos que se llaman a si mismos cristianos hasta hace poco tiempo y la conducta histórica general de aquellos que sostienen dicho credo. He sido forzado por el espacio a confinarme a lo que he obtenido de este credo, no toco el tema tan disputado por los cristianos modernos, acerca de donde lo obtuvimos. Este no es un tratado eclesial pero una especia de autobiografía descuidada. Pero si cualquiera quiere mis opiniones acerca de la naturaleza real de la autoridad, el Sr. G.S. Street solo debe lanzar un desafío y le escribiré otro libro.

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Acerca de catolicochapin

Soy un hombre, católico, casado y chapín. Una de mis pasiones es la fotografía, y me gusta escribir, leer y hacer chistes. He tratado de ser de esos admirables católicos llenos de caridad en sus debates. Es inútil...soy demasiado sarcástico.
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