Decisiones, decisiones

1-indecision

Discernimiento:

Es una palabra usada frecuentemente en lugar de “tomar una decisión” o “escoger”, aunque en realidad significa mucho más que eso. Discernir algo significa tomarse el tiempo de rezar y preguntarle a Dios a donde te esta llevando. El tomarse el tiempo para orar acerca de una decisión, en lugar de tomarla impulsivamente, es vital para decisiones grandes e importantes, como que trabajo escoger, con quien casarse o si deberías irte de misionero. Es estas situaciones queremos preguntarle a Dios que quiere Él que hagamos nosotros, y para eso, he aquí una pequeña guía.

Decisiones

Paso 1: Reza para ser guiado

El proceso de discernimiento consiste en poner atención a la guía y dirección que Dios nos da para nuestras vidas. Para lograr escucharlo, debemos estar en sintonía con su voz a través de la oración, Escritura y los sacramentos. Ayuda mucho tener una vida activa de oración, sacramentos y lectura diaria de la Biblia, porque eso te ayuda a estar en sintonía con la suave voz de Dios. Procura tener una vida espiritual activa.

También necesitamos pedirle a Dios su ayuda. Él está listo y dispuesto, y solo espera que le mencionemos la situación y le digamos “por favor”.

Un ejemplo de oración de San Charles de Foucauldt:

Padre mío,  me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Lo que hagas de mí te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo.
Con tal que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas,
no deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi vida en Tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en Tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tu eres mi Padre.

Recuerda que es importante la perseverancia en la oración, y no dejar de orar y pedir la guía de Dios cada paso del camino.

La vida

Paso 2: Haz una lista de tus opciones

Una lista de opciones te permite explorar tus posibles elecciones. Esta será la lista de la que trabajarás durante tu proceso de discernimiento. Se sugiere una lista física, que puedas tocar. Toma una hoja de papel, abre un cuaderno o lo que mejor te resulte y escribe todas tus posibles opciones. En este momento tómala como una sesión de tormenta de ideas, no elimines ninguna en este momento. Después lo harás. Deja un poco de espacio entre las opciones, te servirá después.

Gato ninja

Paso 3: Haz preguntas

Empieza a examinar las opciones. Las respuestas a estas preguntas empezarán a apuntar a alguna dirección. Estamos discerniendo estas preguntas junto a Dios, así que no respondas apresuradamente y sin Él estas preguntas. Llévalas a oración, y pregúntale a Dios que piensa. Pídele su ayuda para contestar estas preguntas. Quédate en silencio con Él, lee la Biblia y dale la oportunidad de hablarte. Puedes empezar con las preguntas que ponemos abajo, y hacer otras a medida que se vayan presentando. Si las respuestas te huyen, ten paciencia y sigue orando. También considera pedirle a un sacerdote, director espiritual o amigo de confianza que te ayuden con aquellas que sean difíciles o ambiguas. Al final de este paso, algunas opciones parecerán débiles, o incluso estarán descartadas, y otras se verán más fuertes.

decisión equivocada

¿Que podría salir mal?

 

Algunas preguntas para empezar:

  • ¿Es __________________ moralmente bueno? ¿Viola los mandamientos o bienaventuranzas?
  • ¿Hacer ______________ me ayudará en mi conversión de corazón? ¿Me acercará a Dios?
  • ¿Cómo puedo usar los talentos que Dios me dio para ________________ ?
  • ¿De que manera ______________ responde al llamado de Jesús a evangelizar todos los pueblos?
  • ¿Me siento más atraído a alguna de estas opciones que a las demás?

Y cualquier otra pregunta que te surja.

¿Y si simplemente sigo a mi corazón?

 

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Ese es un consejo que escuchamos frecuentemente. En el artículo sobre el deseo, hablamos acerca de lo importante que es a los deseos de tu corazón. Pero una cosa es escuchar a tu corazón, otra muy diferente es seguir (sin discernir) lo que el corazón te diga. Como por ejemplo meterse con alguien casado…simplemente no son decisiones que Dios quiere para nosotros.

malas decisiones

Aunque Disney lo recomiende…

Paso 4: Siguientes pasos

Para las opciones que quedan (o las más fuertes, en caso de que tengas una lista larga), ¿cuales son los siguientes pasos que debes tomar para explorar esas opciones? ¿Que acciones puedes tomar para verificarlas? Escribe esos pasos debajo de cada opción en tu lista. Estas pequeñas acciones te ayudaran a verificar tus opciones y mantener las puertas abiertas hasta que Dios decida cerrarlas o te pida escoger una.

Ejemplos de los siguiente pasos:

  • Llenar una solicitud
  • Ir a una entrevista
  • Hablar con alguien que ya lo haya hecho antes.

Paso 5: Procede (a Dios rogando, y con el mazo dando)

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Ahora que identificaste los siguientes pasos a seguir, empieza a caminar. Llena las solicitudes, ve a las entrevistas y recuerda orar más. Esto es un discernimiento, después de todo, y no puedes dejar la oración. Debes rezar, sin duda, por lo que viene en el camino, pero no pienses demasiado en eso. Dios quiere pasar tiempo contigo, también fuera del discernimiento.

Tomar estos pasos puede darte una probadita de cada opción. Es importante que no solo pruebes, sino que también examines las opciones durante el camino. Lleva tus experiencias a la oración, y sigue preguntándole cosas a Dios.

Algunas preguntas que te pueden ayudar:

¿Se ha cerrado alguna puerta? ¿Cuales permanecen abiertas? ¿Hay alguna confirmación exterior? (ser aceptado o rechazado, oferta de trabajo, solicitud de entrevista, etc).

Los fieles cristianos que conozco, ¿me apoyan o no en una opción particular? ¿He visto algún signo extraordinario? (puede ser de gran ayuda, pero no es necesario ni sucede típicamente).

¿Me siento especialmente atraído a una opción en particular? ¿Tengo un sentimiento de paz acerca de alguna opción en particular? ¿Acaso siento que alguno de estas opciones es la correcta, aunque sea muy difícil?

¿Me siento totalmente confundido y necesito hablar de esto con alguien? ¿Con quién podría hablar para que me de un buen consejo?

Paso 6: Escoge y confía

errare humanum est

Con suerte, a estas alturas una opción ha tomado el primer lugar. Si bien ciertamente ayuda si todas las puertas excepto una se han cerrado, eso no es necesario. Ni siquiera necesitas estar 100% convencido de que esta es exactamente la Voluntad de Dios, y absolutamente la mejor decisión de tu vida. Mientras estés pasando tiempo en oración, cerca de los sacramentos y buscando la paz de Dios, no vas a destruir su plan para tu vida. Toma la decisión ahora, y confía en Dios. Él te ama y quiere lo mejor para ti. Si has sido fiel para discernir junto a Dios, seguramente no escogiste algo que arruinará tu vida. De hecho, tus opciones finales son probablemente todas buenas y ayudan a tu salvación y la de aquellos que están a tu alrededor. Confía que Dios te guiará a través de los próximos pasos de tu vida. Y recuerda, si te sales del camino, la gracia de Dios siempre te ayudará a volver a tu camino.

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El Cielo católico versus el Cielo protestante

Los Simpson se preguntan si el Cielo protestante es igual al de los católicos.

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El peor lugar para exhibir tu producto

En mercadotecnia existe algo llamado “Product placement”. Consiste en insertar referencias a tu producto en alguna película, pintura o fotografía.

Es muy común, como ver a algún personaje de TV tomandose una Coca Cola (oops, ya les hice propaganda) o manejar una Tucson en “The Walking Dead”.

Pero creo que Bell Helicopters se lleva el premio al peor “product placement” con este ícono de Monseñor Romero.

Icono Romero

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Escepticismo sistemático

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“Hoy la castidad es la máxima rebelión”

La historia de Dawn Eden, otra “víctima” de Chesterton

En la ópera de Wagner Tannhäuser, un juglar medieval vuelve a su aldea, buscando la sanación y la salvación después de haber desperdiciado sus años como esclavo voluntario de Venus. Pero cuando sus vecinos saben donde ha estado, le dicen que ha renunciado a la esperanza. Una vez que el hombre ha saboreado las delicias de Venus, le dicen, nunca conseguirá sacarla de sus entrañas.
Estamos rodeados de Tannhäusers modernos: hombres y mujeres adictos a la pornografía; singles que buscan el amor a través del sexo y casados que desean el placer excluyendo la procreación.
Nuestra fe católica enseña que para todos ellos hay un camino de perdón y reparación. Y sin embargo, demasiado a menudo los damos por perdidos y hablamos de la castidad como si fuera una virtud reservada sólo para quienes son vírgenes.
Haciendo esto, efectivamente compramos la mentira cultural de que los esclavos del placer nunca encontrarán la libertad en Cristo.

No tiene por qué ser así. El Venerable Arzobispo Fulton Sheen describió el estado de hartura decepcionada como “gracia negra” – una especie de hartazgo que podía llevar a la “gracia blanca” de la conversión.
Muchos de los que se han tragado las mentiras de la revolución sexual tienen que enfrentarse a la oscuridad de esta gracia negra. Si se les presenta la verdad de la castidad, pueden lograr transformarse en Cristo. Lo sé porque me ocurrió a mí.


Dawn Eden

En los 90, como joven periodista judía especialista en rock que vivía en Nueva York, me pasaba el día entrevistando a bandas para la revista MOJO y las noches cazando en las discotecas, vestida con ropa calculada para ofrecer a los que miraban un buffet de epidermis.
Actualmente soy una estudiante de posgrado en Teología en un seminario católico y autora de The Thrill of the Chaste: Finding Fulfilment While Keeping Your Clothes On [La emoción de la castidad: encontrar la plenitud sin quitarse la ropa, ndt]. Miro mi vida y es como si Marianne Faithfull se hubiera metamorfoseado en Mary Whitehouse.

¿Qué pasó?
Mi conversión empezó en 1995 cuando un músico de rock de Los Ángeles al que estaba entrevistando mencionó que estaba leyendo una novela, El hombre que fue jueves, de un autor del que nunca había oído hablar, G. K. Chesterton. Compré inmediatamente una copia de la novela, pensando que me ayudaría a camelarme al músico cuando volviera a la ciudad.

Una frase del primer capítulo me tocó: “Lo más poético del mundo es no estar enfermo”. Ese fue mi momento de gracia negra.

En aquel entonces yo estaba atrapada en un círculo vicioso. Sola porque no era amada, me entregaba a “amantes” que no me amaban. Chesterton me obligó a reconocer lo que yo había intentado suprimir: mi profundo deseo de sanación, de tener mi vida ordenada de arriba abajo, de conocer la poesía de no estar enferma.

Con el tiempo (y con más Chesterton), empecé a experimentar la gracia blanca de la conversión. Pero era reacia a situarme bajo la autoridad de una confesión en particular, por lo que intenté proceder por el camino cristiano sola.

Descubrí muy pronto que cambiar mis creencias no era suficiente para cambiar mis costumbres.

Estaba claro que todos los deseos que había satisfecho habían fracasado en acercarme al amor que buscaba. Y también estaba claro que sólo recibiría ese amor si yo aprendía a entregarlo adecuadamente. Pero, ¿cómo podía aprender esto?

Un amigo católico que vio mi lucha me dio un libro que tenía muchas citas del Catecismo de la Iglesia Católica.

Encontré mi respuesta: desarrollar la virtud de la castidad me enseñaría a amar a los otros como Dios me ama (CCC 2347-48). La castidad nada tiene que ver con cerrar la puerta al amor humano, sino con dejar entrar al amor divino. Significa dejar que Dios dé nueva forma a mis deseos para alinearlos con Su deseo de mi felicidad.
En la nueva edición católica de The Thrill of the Chaste (revisada después de la edición de 2006, que escribí antes de entrar en la Iglesia), me centro en el “sí” de la enseñanza de la Iglesia, porque uno no puede entender los varios “noes” a no ser que uno entienda primero el “sí” general.

Por ejemplo, uno no puede entender porqué la Iglesia no apoya los anticonceptivos y el matrimonio entre personas del mismo sexo hasta que uno entiende que el amor matrimonial es por definición un acto de la voluntad libre, total, fiel y fecundo (cfr. Humanae Vitae 9).
Admitámoslo, la castidad no es lo que está de moda. Pero en una sociedad que ha dejado de ser cristiana, esto es lo que la hace muy interesante.
Aquí, en Occidente, el Cristianismo tuvo una buena y larga vida como cultura dominante y ahora es, de nuevo, la contracultura.
El Papa Francisco lo sabe. Por esto, cuando habla sobre la castidad, utiliza el lenguaje de la rebelión. Dirigiéndose a los jóvenes sobre el tema de la Jornada Mundial de la Juventud diocesana 2015 – “Bienaventurados los limpios de corazón” ­– les pide que “se rebelen contra esa tendencia tan extendida de banalizar el amor, sobre todo cuando se intenta reducirlo solamente al aspecto sexual […] contra esta cultura de lo provisional, que, en el fondo, cree que ustedes no son capaces de asumir responsabilidades, cree que ustedes no son capaces de amar verdaderamente”.
En la ópera de Wagner, Tannhäuser intenta liberarse del abrazo de Venus porque siente, aunque débilmente, que algo vital falta incluso en sus más seductores deleites. Francisco nos anima a confiar en que también nuestros Tannhäusers puedan alcanzar ese punto de la gracia negra: el doloroso reconocimiento de que el “amor” sin ataduras que ellos esperaban que les satisficiera es, en realidad, sólo un empobrecimiento de lo que se supone que es el amor.
Pero ellos necesitan nuestra ayuda. Podemos empezar creando una contracultura de la castidad dejando de tratar nuestras “duras enseñanzas” como si fueran pastillas amargas que tienen solo una vinculación accidental con el banquete celestial. La castidad no es una incómoda nota a pie de página de la Buena Nueva. Es la Buena Nueva, demostrando que los brazos de Venus no son el complemento al corazón de Jesús.
Artículo publicado originalmente en Catholic Herald.
(Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)

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Contracorriente

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Teólogos modernistas

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