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Pregunta teológica….

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Nuevas instalaciones..

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LA FILOSOFÍA PREVALENTE

Continuamos con el siguiente capítulo de “Rediscovering Catholicism” de Mathew Kelly. La primera parte la pueden leer aquí.

LA FILOSOFÍA PREVALENTE

Cuando piensas acerca de la filosofía, ¿qué se te viene a la mente? Quizás recuerdes una clase de secundaria que tomaste pero que nunca entendiste de verdad, o quizás pienses en los grandes filósofos como Sócrates y Aristóteles. La verdad es que todos somos filósofos, y todos tenemos una filosofía.

En épocas pasadas las filosofías han sido aproximaciones a la vida bien pensadas. Las grandes mentes de cada época se han enfrascado con las preguntas universales y duraderas: ¿Quién son yo? ¿De donde vengo? ¿Para que vine aquí? ¿Cómo lo voy a hacer? ¿Hacia donde voy? Todas estas preguntas nos llevan hacia (y de vuelta a) la pregunta que ha preocupado a la humanidad desde el principio: ¿Cuál es la mejor manera de vivir? Mientras más personas se hagan esta pregunta y persigan rigurosamente como contestarla, tendremos sociedades más dinámicas y vibrantes. Cada cultura es el fruto de las ideas y actitudes de su gente. Estas ideas y actitudes se unen tanto en personas como culturas para formar filosofías. Nuestra propia era es una de gran pobreza filosófica, y como resultado vivimos una era de tremenda confusión moral y ética.

Hoy, existe muy poco rigor filosófico en nuestra cultura. La manera como consumimos información nos lleva a pensar menos y menos acerca de menos y menos. Pasamos demasiado de nuestro tiempo fijándonos en preguntas secundarias (usualmente relacionadas con temas controversiales y sensacionales) y muy poco tiempo explorando las preguntas primarias acerca de nuestra breve estadía en nuestra tierra. Es por esto por lo que muchas de las filosofías con las que nos hemos aliado para vivir la vida son absorbidas a través de la cultura en lugar que de ser resultado de cualquier enfoque de vida bien pensado. Cada uno de nosotros tenemos nuestra filosofía, nuestra regla personal de vida. Esta filosofía se compone de una serie de creencias por las cuales elegimos vivir. Estas creencias son probablemente muchas y muy variadas. Una persona puede creer que hay un solo Dios, que la tierra es redonda, y que nunca debería ir a ningún lugar sin un paraguas. Estas creencias son muy distintas, pero pueden coexistir dentro de una filosofía personal.

¿Cuál es tu filosofía?

Es muy posible que no puedas articular tu filosofía personal, muchas veces al día te apoyas en esta “regla de vida”. Cada día tomas cientos de decisiones. Algunas de estas decisiones afectan lo que comes y lo que te pones, mientras otras afectan la misma dirección de tu vida. En cada caso, estas decisiones son determinadas por tu filosofía personal. Las comunidades también tienen filosofías. La filosofía de una comunidad esta hecha de las filosofías colectivas de sus miembros. Una comunidad puede ser tan pequeña como una familia o tan grande como una nación. Tu parroquia es una comunidad, y tu universidad es una comunidad. En el presente, hay ciertas tendencias filosóficas que son gobiernan el proceso de toma de decisiones. Encuentro estas tendencias preocupantes en muchos niveles: Me preocupan como ser humano, como hermano, hijo y miembro de una familia. Me preocupan como miembro de una nación moderna. Me preocupan como una persona de fe y como cristiano. Y me preocupan mucho como católico, como un miembro activo y creyente de la única Iglesia santa, católica y apostólica. A pesar de que hay muchas filosofías influenciando los esquemas modernos, me parece que en la práctica hay tres principales filosofías prácticas sobre las cuales hemos construido nuestra cultura moderna. Le dejaré al lector decidir si hemos construido nuestra cultura sobre roca, como el hombre sabio, os sobre arena como el necio (cf. Mateo 7:24-27).

*Individualismo*

individualismo

La primera de estas filosofías prácticas es el individualismo. Cuando la mayoría de la personas en la actualidad se enfrentan a una decisión, la pregunta que suele dominar su dialogo interno es “¿Que ventaja hay para mí?” Esta pregunta es el credo del individualismo, que se basa en una preocupación por sí mismo que consume totalmente. El en clima presente, el individualismo es la tendencia dominante que gobierna el proceso de toma de decisiones, y por lo tanto la formación de nuestro sistema cultural de creencias.

Sin embargo ninguna comunidad, ya sea tan pequeña como una familia o tan grande como una nación, puede fortalecerse con esta actitud. El individualismo siempre debilita a la comunidad y causa que el todo sufra. En cada instancia es un crecimiento canceroso. La reformas sociales y políticas de nuestra época han exaltado al individuo en una manera que es poco sano para la sociedad como un todo. Bajo la presión y guía de varios grupos de intereses especiales que representa solo una fracción de la sociedad total, los derechos del individuo han sido elevados gradual y ultimadamente sobre los derechos de la sociedad completa. Un ejemplo perfecto es la reciente situación de California, donde una corte prohibió a las escuelas públicas usar “bajo Dios” cuando se dice el Juramento de a la bandera porque uno de sus estudiantes lo consideró ofensivo. Los derechos del individuo han sido fortalecidos a toda costa, sin preocuparse por lo bueno y lo malo, y frecuentemente en detrimento del todo. Al mismo tiempo, se ha hecho todo lo que se ha podido para debilitar los derechos de la Iglesia, del Estado y cualquier tipo de autoridad. Todo esto ha sido hecho bajo la bandera de una falsa libertad. La adolescente y falsa noción de que la libertad es la oportunidad de hacer lo que sea que quieras, donde quieras, cuando quieras, sin la interferencia de cualquier otra persona o partes. Esto no es la libertad.

Nuestra cultura pone un gran valor en la auto expresión, pero esta relativamente desinteresada en producir “algo” que valga la pena expresar. Los frutos del individualismo no son un secreto para ninguno de nosotros: afán de lucro, egoísmo y explotación.

Pero, ¿Que puede pasarle a una familia o a una nación en la cual cada miembro adopte el individualismo como su propia filosofía personal?

*Hedonismo*

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Este individualismo desnudo crece solamente por la aserción de la generación presente de que el placer es el bien supremo. Esta aserción desenmascara al hedonismo como la segunda marca filosófica de nuestra época. El hedonismo es la filosofía que enfatiza al placer como el fin último de la vida. El lema, el credo, el grito de guerra del hedonista es “Si se siente bien, ¡hazlo!”. Bajo el disfraz de una supuesta libertad recién encontrada, este anciano impostor seduce y engaña a las generaciones presentes. Esta es la gran paradoja que acerca de las marcas filosóficas de nuestra época. La gente que promueve y propaga esto lo representa como algo nuevo y diferente, pero si desvestimos estas filosofías, rápidamente descubrimos que el ambiente cultural presente se basa en las ideologías fallidas del pasado. Creemos equivocadamente que estas filosofías son nuevas y diferentes. Pero, si raspamos un poco abajo de la superficie y profundizamos, descubriremos que las culturas que emplearon de primero estas filosofías, o las que las han adoptado, pueden rastrear su declive a estas. Donde quiera que el hedonismo ha emergido como una filosofía práctica dominante en otras culturas y subculturas, ha producido hombres y mujeres que son holgazanes, lujuriosos y glotones. Más aún, el hedonismo ha sido un factor contribuyente a la desaparición de cada cultura y subcultura en la cual ha sido muy importante. El Imperio Romano es un ejemplo perfecto. El hedonismo no es una expresión de libertad, es un pasaporte a la esclavitud de miles de antojos y adicciones. Y al final no produce placer, sino desesperación.

*Minimalismo*

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La tercera marca filosófica de nuestra época complementa perfectamente la codicia del individualismo y la lujuria del hedonismo en la muerte de carácter humano. Acompañando a estos otros credos modernos, cuyos principios centrales son “¿Que provecho hay para mí?” y “Si se siente bien, ¡Hazlo!” está el credo del minimalismo. El minimalismo es preguntarse siempre, “¿Qué es lo menos que puedo hacer?” Un minimalista siempre busca realizar el esfuerzo mínimo y recibir la recompensa máxima. Consciente o inconscientemente, la gente en todas partes parece preguntarse. “¿Que es lo mínimo que puedo hacer y aún conservar mi trabajo? ¿Que es lo menos que puedo hacer y aún obtener notas razonables en la escuela? ¿Que es lo mínimo que puedo hacer y todavía mantener vivo mi matrimonio? ¿Que es lo mínimo que puedo hacer y seguir físicamente sano? ¿Que es lo mínimo que puedo hacer y aún ir al Cielo? ¿Que es lo menos que puedo hacer. . . ?”

El minimalismo es el enemigo de la excelencia y el padre de la mediocridad. Es uno de las grandes enfermedades filosóficas de nuestra época. El minimalismo ha infectado cada aspecto de nuestras vidas y sociedad, y trágicamente, es también una de las enfermedades filosóficas que esta carcomiendo a la Iglesia.

La mayoría de la gente toma sus decisiones diarias guiada por el individualismo, hedonismo y minimalismo. Estas filosofías están siendo comunicadas poderosamente y sin embargo sutilmente por cada medio social, cultural y político. A través de películas y la música, literatura y la moda, políticas gubernamentales y educación, estas filosofías se han establecido en cada aspecto de nuestras vidas. No pasó de la noche a la mañana, ha tomado décadas. Hubiéramos podido reaccionar si hubiera pasado de la noche a la mañana, así como una rana saltaría de una olla de agua hirviendo. Pero si pones a una rana en una olla de agua fría y luego lentamente subes la temperatura, permanecerá en la olla hasta morir. Con todo esto en mente, no deberíamos sorprendernos por el incremento radical en la promiscuidad y los crímenes sexuales de hoy, o la manipulación cultural y destrucción de la unidad familiar, o la gradual pero persistente socavamiento político y cultural de los valores familiares en nuestras sociedades modernas. No debe sorprendernos que el fraude corporativo y política haya escalado a niveles alarmantes. En realidad, no debería sorprendernos que durante mi corta vida más de nueve veces más humanos han muerto por abortos (solo en Estados Unidos) que por la atrocidad que conocemos como el Holocausto. Muchos adolescentes entran a clases y disparan a estudiantes y maestros, matan a sus padres, adolescentes se matan entre ellos y el incremento dramático y sin precedente de la violencia no relacionada con la guerra no debería sorprendernos. Estos son los signos de los tiempos y ellos son simplemente los frutos de las filosofías que marcan este momento en la historia. Cualquier comunidad que adopta estas filosofías, ya sea que la comunidad sea tan pequeña como una familia o tan grande como una nación, lo hace bajo su cuenta y riesgo. Una filosofía es una manera de vivir. El individualismo, hedonismo y minimalismo destruirán a cada individuo y comunidad que los practique. Son ultimadamente filosofías auto-destructivas que destruyen el cuerpo, corazón, mente y alma. La crisis del mundo moderno es una crisis de ideas. Las ideas dan forma a nuestras vidas y al mundo. El pensamiento determina la acción. No es demasiado pronto para aprender que las ideas tienen consecuencias muy reales.

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Nuestra hambre universal

Durante el año pasado, encontré y he disfrutado mucho las conferencias y libros de Matthew Kelly, un predicador laico católico de origen australiano.

No he visto sus libros en español, por lo que me permitiré traducir y adaptar algunos capítulos de su libro “Rediscover Catholicism”, que pueden descargar en inglés en PDF aquí.

Espero que lo disfruten tanto como yo.

NUESTRA HAMBRE UNIVERSAL

A través de toda la historia, nunca han faltado hombres y mujeres dispuestos a orientar a la humanidad hacia el camino correcto. Tampoco han sido un secreto las necesidades de la familia humana: comida, refugio, un trabajo significativo, compañía, libertad, perdón, aceptación y amor.

En todas las épocas, hay mucha gente que trata de entender a estas necesidades que son muy humanas y anunciar las implicaciones sociales particulares para cada tiempo. Esta gente se para en las encrucijadas y muestra a la humanidad un camino que nunca han hecho ellos mismos. En nuestra propia época no faltan libros, podcasts, CDs, DVDs, sitios Web, programas de radio y televisión y seminarios que intentan comunicarse a nuestras verdaderas necesidades humanas de maneras relevantes y retadoras.

Pero en medio de toda esta aparente abundancia hay una gran pobreza. No estoy hablando de pobreza material. Más bien, pareciera que en cada lugar y tiempo hay una escasez de hombres y mujeres dispuestos a liderar a la humanidad por el camino correcto con el ejemplo de sus propias vidas. En cada momento de la historia, las vidas auténticas son muy escasas.

Filosofía

 

Apariencia vs. Autenticidad

Nuestra propia época pareciera estar gobernada por la ilusión y el engaño. Hemos construido una cultura entera basada en apariencias. Todo parece bien, pero si profundizas bajo la superficie, encontrarás poca sustancia. La apariencia es lo que interesa. Nos hemos vuelto tan insensibles a las realidades del bien y del mal que mentir y engañar son casi universalmente aceptados como males necesarios. Así que los toleramos, siempre y cuando sean hechos en la luz tenue de la respetabilidad. Ocasionalmente, en medio de esta oscuridad cultural, la brillante luz del espíritu humano deslumbra con honestidad e integridad. En esos momentos nos sorprendemos, como si nos estuviéramos desarmados. La honestidad, lealtad e integridad parecen estar fuera de lugar en el esquema moderno. Pero bajo la superficie, bajo el disfraz de las apariencias, esta época, al igual que cualquier otra, está llena de gente como tú y como yo. Y si escuchas cuidadosamente, si miras con atención, descubrirás que la gente tiene hambre. Fuimos creados para amar y ser amados, y existe una inquietud, un ansia de más, un profundo descontento con nuestras vidas y nuestra cultura. Sentimos que algo nos hace falta, y dentro de nosotros sabemos que nada que podamos comprar ni ningún placer físico va a calmar esta ansiedad.

Este anhelo preocupa al corazón humano, y no es por casualidad ni accidental; todos lo tienen por una razón. El Espíritu Santo (el “alma de nuestra alma”, como le dice el Papa Benedicto XVI) es el origen de estos anhelos. Es la presencia de Dios en la parte más profunda de nosotros la que nos llama a movernos más allá de las preocupaciones superficiales de nuestras vidas, para explorar y experimentar algo más profundo.

Nuestra hambre no es de apariencias, ni por lo pasajero y superficial; es por algo substancial. Tenemos hambre de verdad. La gente de hoy tiene hambre de lo autentico, tiene sed por la más pequeña gota de sinceridad, anhela experimentar lo genuino.

¿Porque ha sido rechazada la cristiandad?

El hambre de verdad y el bien es enorme, y sin embargo al mismo tiempo la cristiandad (y en especial el catolicismo) han sido en gran medida rechazados. Existe, por supuesto, mucha gente que fielmente va a misa cada domingo, pero cada vez más personas escogen no ir a la iglesia. Esto es cierto especialmente en las generaciones jóvenes.

La mayoría de nosotros conocen gente buena, inteligente y que contribuyen a la comunidad que no quieren saber nada del cristianismo. Muchos fueron criados como cristianos de una forma u otra. Tarde o temprano, debemos empezar a explorar este fenómeno cada vez creciente y hacernos unas preguntas difíciles: ¿Será posible que hayamos fallado en involucrarlos? ¿Acaso la hipocresía de miembros individuales o líderes de la Iglesia hayan obscurecido su experiencia de Dios? ¿No supimos alimentarlos? ¿Acaso algún día les dimos realmente la bienvenida?

Quienes nos llamamos cristianos lo hacemos porque creemos que la vida y enseñanzas de Jesucristo son la personificación de la verdad, sinceridad y autenticidad y, en un sentido práctico, son simplemente la mejor manera de vivir. Si esta creencia es correcta, y si la gente del Siglo Veintiuno realmente tiene hambre de autenticidad y la mejor manera de vivir, entonces como cristianos nos debemos hacer estas preguntas: ¿Porque no hay más gente abrazando el cristianismo? ¿Porqué, de hecho, hay tanta gente tan hostil hacia Cristo y su Iglesia?

Tengo el sentimiento de que es debido a que la gente de hoy cree que los cristianos, el cristianismo y quizás los católicos en particular son parte de esta cultura de apariencias y engaño tanto como cualquier otra persona. Esta es una dura verdad que necesita ser enfrentada. El deseo de la gente por la verdad no ha disminuido, pero se han vuelto desconfiados, dudosos, escépticos e incluso, cínicos en su búsqueda por la verdad. Y, para ser honestos, no puedo culparlos por esta actitud. Yo no estoy de acuerdo con su posición, pero la entiendo. Y quizás más importante, puedo ver cómo llegaron a ese lugar de confusión filosófica y desolación teológica.

La causa de mucha de esta confusión es la proliferación sin precedentes de palabras, símbolos, imágenes y cada manera de comunicación en la última parte del siglo veinte. La gente está cansada, exhausta, demasiado cargada de información y abrumada con el clima social, político y económico. No se están esforzando por crecer, simplemente están intentando sobrevivir. Esta es una cultura cansada..

Un grito de ayuda

Esta fatiga cultural está creando una desesperanza en las vidas de más y más personas cada día, y desde esta fatiga y desesperanza lanzan un grito de ayuda.
Hoy más que nunca, nuestros hermanos y hermanas no cristianos y no practicantes nos mandan a ti, a mí, y a todos los cristianos un mensaje. Quizás no sean conscientes de eso, pero indirectamente testifican el Evangelio. Desde dentro el mensaje que la gente de nuestro tiempo nos envía, hay un profundo reto para ti y para mí para abrazar una vida enraizada más plenamente en el ejemplo y enseñanzas de Jesús. Su mensaje es claro, inequívoco y simple. Nuestros hermanos, padres e hijos nos envían este mensaje, al igual que nuestros amigos, vecinos y colegas. Están diciendo, susurrando, gritando, “No me lo digas… ¡demuéstramelo!”

Esta petición viene de un anhelo profundo dentro de ellos y representa su gran hambre. Ellos no quieren ver otro evangelista en la televisión, no quieren leer otro libro o escuchar otro CD acerca del cristianismo, y no quieren escuchar tu increíble historia de conversión. Ellos quieren algo real. Ellos quiere ser testigos de alguien, quien sea (solo uno es necesario) que vive una vida auténtica, alguien cuyas palabras se demuestren con la autoridad de sus acciones. Alguien esforzándose humilde, pero heroicamente en vivir de acuerdo a lo que es bueno, verdadero y noble en medio (y a pesar de) el clima moderno.

No nos están enviando este mensaje simplemente para dar el grito infantil de “¡Hipócrita!” Más bien, el suyo es un grito natural, un grito de ayuda. Nos están diciendo, “No me lo digas, ¡demuéstramelo!” porque están hambrientos de un ejemplo valiente de una vida auténtica, una vida vivida plenamente, en esta época actual. Viendo los conflictos y contradicciones de tu vida y la mía, muchas veces gritan “¡Hipócrita!” por están lastimados y enojados. Están enojados porque se sienten decepcionados porque descubrir que no estamos viviendo la vida que predicamos les roba su propia esperanza de vivir una vida auténtica. Están desilusionados y buscando, pero nunca dejan de llamarnos como ovejas sin pastor, esperando ser alimentados, queriendo ser llevados a los pastos de la amabilidad, compasión, generosidad, perdón, aceptación, libertad y amor.

Yo he oído este grito mil veces, pero las palabras de un hombre hacen eco en mi mente como un mal sueño que vuelve a perseguir a un niño aterrorizado. Son las palabras de Mahatma Gandhi, un hombre al que tengo una gran admiración y que creo se esforzó con todas sus fuerzas para vivir una vida auténtica. He estudiado su vida y escritos, pero un pasaje resalta. Me habla con una claridad que penetra mi corazón.

En referencia al bien conocido hecho de que Gandhi leía el Nuevo Testamento todos los días y muchas veces citaba las Escrituras cristianas, un reportero le preguntó porqué nunca se había convertido en cristiano. El contestó, “Si alguna vez hubiera conocido alguno, me habría convertido en uno”. A su manera, Gandhi estaba diciendo: “No me digas… ¡demuéstramelo!” lo que revela su ansia por un ejemplo de vida auténtica.

Dicho esto, también creo que hay un deseo dentro de cada uno de nosotros de vivir una vida auténtica. Deseamos no solo ser testigos de vidas auténticas sino también de vivir nosotros una vida auténtica. Queremos genuinamente ser fieles a nosotros mismos. A veces, quizás hemos resuelto vivir dicha vida con todo el fervor del que somos capaces. Pero distraídos por la dulce seducción del placer y las posesiones, nos hemos salido del camino estrecho. Sabemos la verdad, pero nos falta la disciplina y la fuerza de carácter para alinear las acciones de nuestras vidas con esa verdad (cf. Mateo 26:41). Nos entregamos a miles de distintos caprichos, antojos y fantasías. Nuestras vidas se han convertido simplemente en una distorsión de la verdad que conocemos y confesamos. Sabemos que la familia humana necesita amabilidad, compasión, generosidad, perdón, aceptación y amor, pero hemos dividido nuestros corazones con mil contradicciones y compromisos.

A cada momento, el mundo entero pide de rodillas, ruega, suplica, llama a algún hombre o mujer valiente para que les dirija con el ejemplo de una vida auténtica.

En muchos aspectos nuestra época es una de abundancia, pero en medio de esta abundancia (que a veces parece prevalecer sobre todo) queda una gran hambre en la gente de hoy. Tenemos un hambre universal por lo auténtico, un anhelo de ser y convertirnos y experimentar todo de lo que somos capaces y para lo que fuimos creados. Todo lo bueno en el futuro (para nosotros, nuestros matrimonios, nuestras familias, nuestras comunidades, nuestra Iglesia, nuestro país y la humanidad) depende de si seguimos o no este anhelo.

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Roberto tenía ser…

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